“Estudiar cine es pensarse. Se dice que una película de autor es la radiografía de la psicología de su creador”, Jorge Martínez, Coordinador de la Escuela de Artes Audiovisuales de la Universidad de Ganexa.

La industria cinematográfica de Panamá ha vivido en los últimos años una revolución como pocas: producciones audiovisuales locales participan en festivales de cine alrededor del mundo y muchos productores internacionales visitan el Istmo en busca de locaciones para sus producciones.[1]

Jorge Martínez, Coordinador de la Escuela de Artes Audiovisuales de la Universidad de Ganexa afirma que “en la historia, el cine panameño luchó contra muchos factores para hacerse notar. Los altos costos de los equipos, copias y del material fílmico para un mercado tan pequeño, no eran muy viables”. A pesar de las dificultades, la industria fue resiliente y ha contado en las últimas décadas con producciones de alta calidad.

Una rápida mirada a la historia del sector

La primera época destacable de la industria cinematográfica del país inició con un periodo clásico de melodramas, entre los que se destacan títulos como “Al calor de mi bohío” (1946) de Carlos Luís Nieto y “Cuando muere la ilusión” (1949) de Rosendo Ochoa y Carlos Ruiz. Tras una década de producciones más convencionales, la modernidad incursionó en los setenta con el Grupo Cine Ariel, los cortometrajes de Carlos Montúfar y los documentales de Grupo Experimental de Cine Universitario.

Sin embargo, fue la revolución tecnológica del VHS al cine digital la que trajo consigo una reducción en los costos de producción y distribución que hizo más viable la creación cinematográfica en el país y, desde entonces, la industria ha tenido una evolución sin precedentes. Durante la década de los ochenta incursionó la narrativa del video musical, en los noventa se proyectó por primera vez la mujer en el cine y, en el nuevo milenio, surgieron los primeros gremios y se incrementaron las producciones extranjeras filmadas en nuestro territorio.

Actualmente, en plena era de la postmodernidad, el cine panameño ya alcanza los estándares más altos, como confirmaron el estreno en 2008 de películas como de “El viento y el Agua”, producida por el Colectivo Igar Yala,  o “Chance” de la mano de Abner Benaim.

[1] La evolución del cine en Panamá, Marujolia Pujol, (2019).

La Ley de cine: un punto de inflexión para la industria

Todo lo anterior, llevó a que en 2012 se aprobara una esperada Ley de Cine que incluyó apoyos e incentivos para el desarrollo de la cinematografía nacional. Esta Ley impulsó iniciativas como la creación del fondo cinematográfico y el Festival Internacional de Cine de Panamá (IFF), una “plataforma que ha dado voz, exposición y oportunidades a los cineastas nacionales” destaca Pituka Ortega, Directora General del IFF.

En este contexto se hacía necesario crear un programa de formación que permitiese brindar capital humano creativo a una industria que ha venido dando pasos firmes hacia su profesionalización. En respuesta a esta necesidad, la Universidad del Arte Ganexa inicia este año la Licenciatura en Artes Cinematográficas, un programa académico enmarcado dentro de la nueva Escuela de Artes Audiovisuales de la Universidad, que busca formar a nuevos realizadores audiovisuales (cineastas y animadores) como profesionales creativos, técnicos y ejecutivos, capaces de desempeñarse con un estilo artístico propio.

El proyecto de crear esta licenciatura se venía forjando desde hacía tres años como resultado de estudios diagnósticos elaborados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en los que se identificó la necesidad de habilitar una escuela de cine en Panamá. El programa es una puerta que se abre para mostrar al mundo nuestra idiosincrasia: “Panamá es un país con un gran capital de historias y cosmovisiones, insumo para crear una identidad fílmica única” comenta Jorge Martínez.

La Universidad del Arte Ganexa lleva más de diez años impulsando iniciativas como esta. En 2011, hizo parte de la mesa de diálogo para la Ley 16 de 2012, que busca fomentar la industria en el territorio nacional, promover la conservación del patrimonio audiovisual panameño y estimular la cultura del cine entre los habitantes del país. Durante los últimos años ha realizado experimentaciones de distribución de películas panameñas para evaluar la viabilidad de los proyectos audiovisuales: hemos demostrado que es totalmente posible la retribución económica en el arte cinematográfico de nuestro país, aunque es una empresa riesgosa que requiere de mucha creatividad para las historias y  profesionalidad en los negocios”, destaca Martínez.

El desarrollo del programa académico de la Licenciatura en Artes Cinematográficas está influenciado por la estructura curricular de varias universidades argentinas, sin embargo, responde a las necesidades de la industria panameña. “Hemos obtenido buenos comentarios entre las instituciones que hemos compartido nuestro pensum… Esto solo puede deberse a la credibilidad que brinda un programa académico integral de calidad, que cuenta con la solidez institucional de una universidad acreditada” comenta Jorge Martínez.

Esta iniciativa busca ser un dinamizador de la economía naranja en el país, además de convertir a Panamá en un centro académico internacional de artes audiovisuales que germine profesionales de alto nivel. La Dirección de Cine de MICI (DICINE) y la Fundación Ciudad del Saber (FCdS) se han unido a Ganexa para impulsar la iniciativa. DICINE apoya mediante el patrocinio de la Beca Rene Martínez por la cual cada año un ganador obtiene la financiación da la licenciatura completa. La Fundación, por su parte, además de habilitar el espacio donde estará ubicada dicha sede, incluirá el programa en su Clúster de Industrias Creativas.

Al respecto, Jorge comenta que “el cine es un potenciador de las industrias creativas, un componente sinérgico que involucra múltiples industrias culturales…Este programa tendrá incidencia directa en la calidad de nuestras producciones pues nacerán mejores historias. No es igual estudiar cine en el extranjero, que estudiar aquí, descubriendo tu identidad fílmica, en tú país, junto al acervo, el patrimonio, la gente y los paisajes”.

Se espera que el programa tenga un gran impacto cultural en el país, y en la imagen que proyecta hacia el exterior. Según Pituka Ortega “uno de los retos principales (y el de todas las cinematografías de los diferentes países), es que nuestro cine trascienda sus fronteras y genere interés en otras latitudes”.

Para lograrlo, es importante seguir contando con el apoyo del sector público, quien es también actor clave en el impulso de estas iniciativas. “Esperamos que el nuevo gobierno continúe con el apoyo que se le ha brindado a la industria hasta ahora. La inversión que se ha hecho en el cine es una de las decisiones más inteligentes y bien vistas a nivel local e internacional”,  afirma Pituka.

Este año, empieza un nuevo capítulo en la historia del cine en Panamá, pues por primera vez, panameños y extranjeros podrán acceder a un programa académico que impulse sus proyectos audiovisuales y les convierta en magos de historias.

Como dijo alguna vez el famoso director de cine Francis Ford Coppola: “…el cine, las películas y la magia siempre han estado estrechamente asociados” y Panamá ahora parece contar con todos los elementos que le permitan brillar en las pantallas del mundo.

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