La ventana del despacho de Josh López, que tiene vista al Parque de los Lagos de Ciudad del Saber, está repleta de mensajes encriptados, algoritmos, acrónimos de mercadeo y, posiblemente, alguna cita por Skype con un cliente de otro país en un par de horas. Más por debajo de la rodilla, en las paredes también se esparcen mensajes un poco más discretos, parecidos más bien a la mítica sabiduría Maya (tanto por ser indelebles como ininteligibles). Estos últimos códigos han sido escritos por el puño y arte de su pequeña hija de dos años y medio. Ella deambula los pasillos de Media Rank, la agencia de mercadeo digital que marca pautas de innovación en Panamá y la región, sin miedo a que sea regañada, porque su mamá (Viviana Ordóñez) es la directora de cuentas y su abuela (Iris Arbelo) la directora de finanzas. ¿Hablamos de emprendimiento familiar?

Josh López, escapa de que lo tilden como ese tipo que creó un algoritmo para facilitarle a marcas grandes la lectura de datos generados por usuarios de las redes sociales. “Cuando en la industria en la que me desarrollo se dice que creé un algoritmo, la gente imagina cosas mucho más allá, como que ‘este man creó la energía perpetua’”, aclara Josh desde su oficina para hablar más sobre la necesidad que él visualizó en el mercado y por la que apostó con Media Rank, fundada en 2013 luego de haber pasado por dos facultades (Ingeniería Informática, Electrónica y Comunicaciones, ambas sin culminar) y haber lanzado una primera agencia de mercadeo “de estilo boutique”.

“Media Rank se creó para cubrir esa necesidad que tenían las televisoras del país de hacer mediciones de rating de la forma en la que el mercado lo pedía. A partir de allí tomé la bandera de desarrollar una tecnología que supliese esa necesidad: ¿cómo reaccionan las audiencias en las redes sociales con respecto al contenido que ven en la TV?”, explica Josh su producto que ya beneficia a canales de televisión (Telemetro, TVN, OYE, NEXtv), y cuyas propiedades se han podido aprovechar en otra variedad de marcas locales (+Móvil, Cerveza Atlas) e internacionales (L’oreal, Uber, Reebook).

Con este producto andando, con la familia de su lado y la asociación de Tony Hau (operaciones y venture capital) en la compañía, encontraron dentro del efervescente fenómeno de los influencers la nueva rama fuerte de la diversificación que la agencia y el mercado estaban buscando, para entonces darle vida a Social Rank: una especie de, en las palabras de Josh, spin-off de Media Rank, destinada a rankear, en diversas categorías, a aquellos generadores de contenido en Instagram que son catalogados como influenciadores. Lo que diferencia Social Rank de otras herramientas similares, asegura Josh, es que la suya logra detectar todas las marcas que mencionan estos nuevos embajadores de nuestras decisiones cotidianas: un rédito jugoso tanto para las compañías que buscan aprovechar mejor los nichos del mercado, como para aquellos que hacen del Instagram la ventanilla de su estilo de vida y que, a la misma vez, quieren hacer caja.

Por otro lado, en el ABC del emprendimiento, el juego que está planteando Josh con su equipo estaría considerado de “alto riesgo” para quienes los ven como una oportunidad de inversión. ¿Qué pasa si Instagram muere mañana? ¿Y si el fenómeno de los influencers empieza a desinflarse? “Por un lado, estar en negocios relacionados a las redes sociales es complicado porque desarrollamos en base a lo que ellos nos permiten”, reflexiona Josh al respecto, “sin embargo, reconocemos que si tú implementas un modelo de negocio basado en esto, pero guardando estrictos esquemas de retorno de inversión y sostenibilidad, puedes hacerlo sin necesidad de ir a la quiebra. Es por eso que creamos productos en base a las necesidades del mercado, lo que nos reduce las posibilidades de error. De igual forma, somos una compañía con otros pilares de negocio, como las asesorías y las páginas web”.

“En cuanto a los influencers”, continúa Josh, “ellos han existido desde siempre: Michael Jordan, Koby Briant… todos ellos lo fueron; desde que salían a la calle vistiendo alguna marca ya otras personas deseaban tener sus prendas. Los de ahora han encontrado una plataforma adicional para promover. Ese tipo de mercadeo no va a fallecer; solo cambiaría de plataforma. El éxito de Instagram es su simpleza y esta permite a muchos adaptar su mensaje para demostrar su estilo de vida y a otros el poder consumir información resumida. Mira los memes: son críticas sociales expuestas de forma gráfica, que no son solo una distracción, sino un mensaje genialmente adaptado”.

Mientras tanto, Josh y su equipo apuestan a la expansión regional de su marca, en la medida que sus capacidades (tanto de olfato intuitivo, como de recursos humanos) se lo permitan. Tienen clientes en Argentina, a la vez que miden influencers en países de la región como Costa Rica, Colombia, México y Perú, entre otros, con vistas de atraer a más interesados a su agencia. Todo eso sucede en una oficina cuyos miembros se cuentan con una sola mano, y todos están pendientes a la vez de la misma influencer… la pequeña artista que no tiene Instagram y que garabatea mensajes encriptados en las paredes.

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