¿Qué ruta siguen las vacunas? Descubra el proceso que conlleva a su creación

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La medicina siempre ha buscado los tratamientos más eficaces ante los brotes de enfermedades que la humanidad ha enfrentado. En ese sentido, el desarrollo de las vacunas ha sido un importante vehículo que conecta la investigación científica y la tecnología, poniéndolas al servicio de la salud pública y el bienestar humano.

En el pasado, se han logrado progresos notables gracias a las vacunas: hace 40 años, se erradicó la primera enfermedad contagiosa de la historia, la viruela[1]; y el mes pasado, por ejemplo, la OMS declaró el continente africano libre de poliomelitis, precisamente, gracias a una vacuna[2].

Hoy por hoy, las vacunas están al servicio de la salud esencial que protege a las personas susceptibles de enfermedades que se pueden prevenir con la inmunización. Según datos de la OMS, UNICEF y el Banco Mundial, solo el agua potable rivaliza con la vacunación en su capacidad para salvar vidas: se estima que las vacunas previenen anualmente entre 2-3 millones de muertes a nivel mundial y que cada minuto, se salvan cinco vidas gracias a las inmunizaciones en todo el mundo.

Si bien no es posible prevenir toda enfermedad, la vacunación beneficia a un sin número de personas al prevenir infecciones, al retrasar la evolución de alguna enfermedad o bien, aliviarla; por lo tanto, es un excelente ejemplo de prevención y de protección de la salud.

Tal vez nunca antes en nuestras vidas habíamos hablado tanto de las vacunas. En el contexto de la pandemia por la COVID-19, la OMS ha indicado que proporcionar vacunas oportunas es clave, ahora más que nunca, para que las personas y las comunidades permanezcan protegidas y que disminuya la probabilidad de brotes de otras enfermedades que sí se pueden prevenir con vacunación. Por otro lado, no hay duda de que la humanidad anhela tener un medicamento que logre curar la enfermedad, y/o una vacuna eficaz y disponible para todos; la “carrera” por desarrollar una vacuna contra la COVID-19 nos tiene a todos especulando cuándo podría estar disponible, pero… ¿aceptará el mundo esta vacuna?

Se esperaría que una vez esté disponible esta vacuna, siendo una solución tan ansiada, la gran mayoría de personas estaría dispuesta a vacunarse. Sin embargo, según un estudio reciente, no todos están de acuerdo. Una encuesta del Foro Económico Mundial indicó que el 74% de las personas estaría dispuesta a recibir la vacuna, mientras que el 26% dijo que no estaba de acuerdo con hacerlo.[3]

Ahora bien, si examinamos encuestas similares en países específicos, el nivel de confianza en el desarrollo de esta nueva vacuna varía un poco más: en Estados Unidos, por ejemplo, una encuesta arrojó que alrededor de un 50% de los encuestados estaría dispuesto a inmunizarse[4]; en Alemania, la proporción de personas dispuesta a vacunarse contra el COVID-10, ronda también el 50%.[5]

¿Qué hay de Latinoamérica? En países como Perú, Argentina y México, aunque la mayoría de las personas estaría dispuesta a colocarse la vacuna, de encontrarse una disponible, aproximadamente un cuarto de los encuestados se negarían a colocársela.[6]

¿A qué se debe esta falta de confianza de algunos? El estudio de IPSOS, realizado en 27 países, sugiere que las razones para no vacunarse entre los encuestados están ligadas a creencias sobre las vacunas, específicamente relacionadas a la preocupación por los efectos secundarios u “otras enfermedades” que pueda causar, o bien, a escepticismo sobre la eficacia de las vacunas para prevenir enfermedades[7]. Aunque no tenemos resultados de encuestas similares en Panamá, ciertamente en el país existe gran expectativa por la vacuna alemana que se encuentra en su segunda fase de prueba en el Istmo.

Expertos locales opinan que es importante conocer los hechos antes de tomar decisiones de salud, especialmente con tanta información disponible hoy en día, en ocasiones incorrecta, y enfatizan que el desarrollo de vacunas es el resultado de un intenso esfuerzo de colaboración. De acuerdo con la Dra. Digna Wong, Coordinadora General de INDICASAT, para pasar del concepto al producto finalizado se pasa por diferentes fases que garantizan que sea segura y efectiva para los seres humanos: entre ellas, la investigación, la etapa preclínica, el comité bioético, los ensayos clínicos, y la aprobación y autorización oficial, así como los programas nacionales de inmunizaciones.

Dilsa Lara, Consultora de la OPS/OMS en tema de inmunizaciones, enfatiza que desarrollar una vacuna necesita de la participación, de una u otra manera, de los organismos gubernamentales de investigación y de salud, las organizaciones sin fines de lucro de promoción de la salud pública, las organizaciones internacionales, los centros académicos de investigación, las pequeñas empresas incipientes de biotecnología y las grandes compañías farmacéuticas, entre otros. Ninguna organización ni ningún grupo solo puede hacer todo lo que se necesita. Sin un trabajo de equipo extenso y productivo de todos los grupos interesados, no se producirían las vacunas que necesitamos, inocuas, eficaces y ampliamente disponibles.

Desarrollar una vacuna toma muchos años: en promedio diez, y en ocasiones mucho más que eso. Por esta razón, es comprensible que algunas personas duden de las vacunas candidatas contra el coronavirus, debido a que perciben que se está desarrollando con un calendario apresurado.

En ese sentido, el Dr. Eduardo Ortega-Barría, médico, científico clínico y actualmente Vicepresidente y Director de Asuntos Médicos e Investigación y Desarrollo Clínico para América Latina y el Caribe de GlaxoSmithKline Vacunas, explica que ya existían algunas vacunas candidatas de investigaciones previas que se han podido recuperar. Estamos en una situación única en la que las personas están dispuestas a trabajar de manera colaborativa para lograr la vacuna.  Esto, aunado a tecnologías novedosas que continúan avanzando ha permitido que tengamos unas 300 vacunas en fase de investigación, lo que ha hecho posible de cierta manera acelerar de manera importante el proceso, particularmente en la fase de investigación preclínica, y que no empecemos de cero en esta ocasión. “Nos hemos enfrentado a vacunas más difíciles y eso hace que las nuevas tecnologías ya estuvieran listas para enfrentar estos retos de patógenos más complejos,” explicó.

Esta etapa de investigación que menciona Ortega-Barría, es clave para evaluar la eficacia de las vacunas de acuerdo con el Dr. Juan Miguel Pascale, Director del Instituto Conmemorativo GORGAS. Según Pascale, “no se están evadiendo los puntos de control, se están evaluando eventos adversos. Vamos rápido, pero no por eso olvidamos la seguridad. Ese es un mensaje importante porque la comunidad científica requiere vacunas seguras y eficaces,” añade.

La Dra. Argentina Ying, desde 2017 Presidenta del Consejo Nacional de Bioética de la Investigación, concuerda en que, si bien que los procesos de elaboración de vacunas -hasta antes de la COVID-19- han demorado años, la pandemia y el nivel de desarrollo tecnológico han acelerado los procesos, “por lo que la ciencia debe dar respuesta oportuna, sin que la celeridad de la respuesta nos induzca a saltarnos fases que pongan en riesgo el rigor científico de los procesos”.

En este aspecto se pone en valor el rol de los comités de bioética, encargados de evaluar, justamente, que la investigación sea ética y que tenga validez científica, pero también validez social. En otras palabras “debe tener un diseño metodológico sólido y tener pertinencia para dar respuesta a un problema sanitario. No podemos poner en riesgo la confianza en la ciencia y de eso va a depender que se consolide una cultura de prevención desde la investigación”, añadió la Dra. Ying.

Los expertos coinciden también en la necesidad de reforzar la importancia de que la población sepa que, si bien se trabaja con ahínco y urgencia para desarrollar esta vacuna, los protocolos de seguridad y los parámetros relativos las etapas de pruebas y regulación se están cumpliendo rigurosamente y a cabalidad.

El esquema de vacunación de Panamá es uno de los más reconocidos y sólidos de América Latina, pero el rechazo a la vacunación puede tener graves consecuencias y, de hecho, amenaza con revertir los avances que se han producido en las últimas décadas en la lucha contra enfermedades prevenibles. Por esta misma razón es importante que aspiremos a trabajar para que la información correcta llegue a las personas. “La eficacia, la seguridad y la tolerancia es el punto focal de los estudios de vacunas en todas las fases,” asegura la Dra. Digna Wong, Coordinadora General de INDICASAT. 

Es vital conocer de fuentes confiables sobre el proceso de desarrollo de una vacuna y cómo funcionan para tomar decisiones informadas sobre prevención y salud. Sin embargo, está claro que los hechos y la evidencia científica son solo una parte del rompecabezas. Tal cual como sucede con el desarrollo de una vacuna, también se hace necesario el trabajo en equipo, donde profesionales de diferentes áreas – por ejemplo, profesionales médicos, periodistas, tecnólogos, organizaciones de sociedad civil, etc – puedan unir esfuerzos para realmente desafiar y combatir la desinformación. 

“La vacuna es todo un reto, un proceso meticuloso. La OPS/OMS en esa mira de garantizar la seguridad de las vacunas, es muy riguroso. El grupo técnico establecido hace una revisión exhaustiva de los informes en cada fase y así se va evaluando el proceso de producción,” puntualiza Dilsa Lara, consultora de la OPS/OMS en materia de inmunizaciones.

Jorge Arosemena, Presidente Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber, señala que Panamá ya tiene un lugar en el mapa de la investigación y desarrollo en vacunas. En los últimos 20 años, investigadores e instituciones panameñas han participado en múltiples estudios científicos para evaluar la eficacia y seguridad de vacunas; desde aquí, se desarrollan investigaciones clínicas y biomédicas para el avance de la ciencia y el bienestar de la humanidad.  “Justo ahora, en un momento crítico para el país y el mundo, Ciudad del Saber se siente honrada de ser la casa de importantes organizaciones dedicadas a la investigación y desarrollo que participan en este esfuerzo colectivo de desarrollar vacunas y continúa comprometida con generar espacios de generación e intercambio de conocimiento” añadió.

Desarrollar una vacuna es un proceso donde la ética debe ir de la mano de la ciencia, y donde se debe poner por delante la seguridad y el derecho humano de las personas en todo sentido.

Solo así podremos lograr que esta acción preventiva de salud no sea algo que nos divide, sino que, por el contrario, nos unifique; especialmente en los momentos donde más las podemos necesitar.


[1] https://vacunasaep.org/profesionales/noticias/hace-40-anos-desde-la-erradicacion-de-la-viruela

[2] https://www.bbc.com/news/world-africa-53887947

[3] https://www.weforum.org/agenda/2020/09/covid-19-coronavirus-vaccine-opinion-survey/

[4] https://apnews.com/article/dacdc8bc428dd4df6511bfa259cfec44

[5] https://www.dw.com/en/survey-only-half-of-germans-keen-to-vaccinate-against-coronavirus/a-53649377

[6] https://gestion.pe/peru/covid-19-peru-el-segundo-pais-de-america-latina-con-mas-ciudadanos-dispuestos-a-vacunarse-noticia/

[7] https://www.ipsos.com/sites/default/files/ct/news/documents/2020-08/encuesta_nacional_urbana_agosto_2020_-_vacuna_y_mitos.pdf

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