Entrevista con los productores de Historias del Canal

Ciudad del Saber acogió en sus instalaciones el proyecto cinematográfico Historias del Canal desde sus fases iniciales, aportando como patrocinadora las oficinas de producción de la película y otras facilidades. Conversamos con Pituka Ortega Heilbron, Ileana Novas y Pablo Schverdfinger, productores del filme, que se estrenó el pasado 9 de octubre en las salas de cine de Panamá.

CDS: Pituka, te hemos escuchado decir alguna vez que una nación no termina de ser una nación hasta que no es capaz de contar su propia historia desde la cinematografía.

Pituka: No existe nada más poderoso que el cine. El impacto de ver tus historias universalizadas en la pantalla grande es una confirmación de que existes. Ver una película con claras referencias culturales, sociales y geográficas de tu país te confirma como ciudadano y como nación. Además, no solo verte tú, sino que muchos te vean, hace que descubras más acerca de ti. El cine es un espejo sí, pero adquiere una vida propia en el momento en que la película está terminada y a este fenómeno es al que me refiero.

CDS: ¿De qué forma creen que HDC aporta contenido a la conmemoración de los 100 años del Canal de Panamá y contribuye a promover una visión más compleja de nuestra historia?

Pituka: Esto es algo que realmente el tiempo y el público de la película va a determinar. Al abordar un filme con esta temática, uno quiere generar ese tipo de impacto, de resultado; esto te motiva, te inspira,  pero no siempre se logra. Por eso digo que el tiempo, el público y aquellos que algún día escriban sobre la historia del cine panameño —que empieza a crecer y a dejar su huella en la psiquis colectiva nacional—  dictarán la sentencia.   

CDS: La película ha tenido sus oficinas de producción en Ciudad del Saber, en lo que fue una base militar de EE.UU.  ¿Qué reflexiones les provoca esto?

Pablo: Creo que Panamá lentamente va apropiándose del legado que indudablemente recibió de EE.UU., en particular lo que se refiere al legado arquitectónico. Este es un capital que forma parte del pasado y del presente. Apropiarse de él habla de una complejidad como sociedad con la que nos identificamos. Uno es quien es, con lo bueno, lo malo, lo bello, lo desagradable. Uno puede o no apreciar la presencia estadounidense en Panamá, pero existió y eso no se puede cambiar.

Desdeñar o negar ciertos aspectos que puedan ser controversiales de la historia (o incluso del presente) habla de un simplismo con el cual no comulgamos. Este es un punto que conversamos mucho entre los productores cuando determinábamos el rumbo de HDC. Para nosotros los relatos más ricos no son aquellos blancos o negros, son aquellos que contienen matices, contradicciones, convergencias de miradas, capas, complejidad, al igual que la vida. Eso es lo que HDC refleja. Distintas posturas, distintas lecturas de una misma realidad. Y, sin embargo, no por eso es una película «políticamente correcta».

CDS: ¿De qué manera piensan que benefició a la película tener en Ciudad del Saber las oficinas de producción, alojamientos para técnicos extranjeros, el Ateneo, espacios para castings…?

Ileana: CDS es un sitio muy tranquilo, alejado del bullicio citadino pero, al mismo tiempo, muy cerca. Hacer una película es un caos en sí mismo  y tener la posibilidad de que el factor ambiental no sume a ese caos interno es muy valioso. Solo pensar que durante 9 semanas 70 desconocidos trabajen y convivan juntos más de 14 horas diarias (solo por hacer referencia a la preproducción) con el objetivo de funcionar acompasadamente como un cuerpo de ballet… y tener la oportunidad de poder detenerse un instante, mirar por la ventana de la oficina y disfrutar de toda esa vegetación entre calles silenciosas, era como un bálsamo que nos ayudaba a equilibrar el enorme estrés que atravesamos.

En un principio, no sabíamos qué tal iba a funcionar el alojamiento para los técnicos justo al lado de la oficina de producción. Temíamos que ellos necesitaran estar más alejados del sitio de trabajo y más cerca de la bulla de la ciudad, pero nada de eso se extrañó teniendo La Plaza de Ciudad del Saber, un parque en donde hacer deporte, e incluso la posibilidad de ir a eventos nocturnos como el Festival de Jazz o las noches de tambores.

La calle Gustavo Lara se transformó en un barrio idílico de colegas. Todas las noches alguien cocinaba una paella o unos tacos mexicanos y abría sus puertas al crew a pesar del cansancio. Y esta convivencia se extendía incluso los domingos (único día libre) cuando se organizaban entre quienes buscaban un mall o entre quienes dormían pocas horas con la intención de ir a conocer alguna nueva playa. Los técnicos que vinieron de afuera ahora añoran Panamá y en especial Ciudad del Saber.

Pablo: Y el Ateneo, qué decir…para un proyecto audiovisual es invaluable contar con él. Es una joya. Y está frente a nuestras oficinas. En el Ateneo pudimos ver el primer corte de la película por primera vez en pantalla grande. Fue muy emocionante.

CDS: La producción aprovechó para los castings la presencia en CDS de una comunidad diversa de panameños y extranjeros… ¿pueden hablarnos un poco de esto?

Pablo: Al tener la necesidad de convocar tanto talento étnicamente variado, CDS fue también una buena ubicación, ya que cuenta con una gran comunidad de europeos y norteamericanos. Algunos niños del cortometraje 1950, y muchos jóvenes de 1964 por ejemplo, fueron seleccionados de convocatorias realizadas con los colegios que están en CDS. Y muchos extras también surgieron de castings realizados en el edificio del Acelerador de Empresas.

CDS: En la película participaron técnicos extranjeros (la mayoría argentinos) y panameños, que conformaron un equipo muy bien integrado, según ustedes nos contaron.

Ileana: La selección de las cabezas de equipo extranjeras fue muy minuciosa y respondía a un criterio muy claro que supimos determinar los 3 productores desde un inicio. No solamente debían ser profesionales altamente calificados para abordar una película de época de semejante magnitud y con 5 directores, sino poseer ciertas habilidades que creímos cruciales a la hora de mudarse a Panamá a trabajar y estar a cargo de grupos heterogéneos y con un forma de trabajo diferente. Entre esta habilidades priorizamos la energía personal, la capacidad de poder generar un buen clima en el set.

Pablo: La mayoría son argentinos, no porque pensemos que particularmente en Argentina hay técnicos de excelencia, sino porque Ileana y yo teníamos experiencia probada con la mayoría de ellos y sabíamos que no habría sorpresas. A pesar de todo esto, no sabíamos con certeza cómo iba a ser la interacción con el crew local. Afortunadamente se amoldaron a la perfección en seguida, y creemos que lo que sucedió fue que el crew panameño se sintió muy respetado y valorado. Y como contrapartida, las cabezas de equipo extranjeras se sintieron muy respaldadas. Todos abordaron la película como un reto personal. Tal vez porque era una película muy grande y significaba un desafío interesante, sumado a que se tocaba una fibra sensible de la historia en general y a su vez había alguna empatía personal con cada relato.

Ileana: Panamá ciertamente tiene una energía especial, que probablemente a primera vista no se ve. Un turista que viene por pocos días tal vez no lo nota enseguida, pero a medida que uno entra en sintonía con el clima y la gente, se descubre una magia especial que te atrapa.

Más información en: http://www.historiasdelcanal.com

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