En 2018 se produjeron a nivel mundial grandes movimientos sociales e iniciativas institucionales que ayudaron a dar visibilidad a los diferentes retos que enfrentan las mujeres en el mundo. Uno de ellos fue el 8M (conocido como el Paro Internacional de Mujeres), un día en el que se reivindicó, entre otros aspectos, la necesidad de poner fin a todas las brechas de género en el mercado laboral y potenciar el liderazgo de las mujeres en la toma de decisiones del ámbito público y privado.

Alineado a estos movimientos e iniciativas, y contando con el impulso del Banco Interamericano de Desarrollo, el Foro Económico Mundial y la Vicepresidenta de la República, Panamá lanzó en julio del pasado año la Iniciativa de Paridad de Género (IPG), un proyecto pionero en torno al cual han unido sus fuerzas el sector público, el sector privado y las principales agencias multilaterales que operan en nuestro país.

Conversamos con Irene Perurena, Vicepresidenta Ejecutiva de la Fundación Ciudad del Saber, sobre los retos de las mujeres en Panamá y los objetivos de la IPG. Perurena lidera esta iniciativa dentro de la organización en un momento clave ya que la Fundación ha asumido temporalmente la Secretaría Técnica de la IPG.

En primer lugar, ¿nos puede explicar en qué consiste la IPG?

Las Iniciativas de Paridad de Género (IPG) son alianzas público-privadas de alto nivel, dirigidas a promover estrategias que permitan cerrar las brechas económicas de género en los países participantes. Su estrategia se concentra en torno a tres objetivos: aumentar la participación laboral de las mujeres, visibilizar y reducir las brechas salariales de género y promover la participación femenina en puestos de liderazgo.

Fue el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) quien las inició en 2012, siendo Japón, Turquía y la República de Corea los primeros países en aplicarlas. En 2016, el BID llega a un acuerdo con el WEF para extender este movimiento a nuestra región y, de ese modo, Chile, Argentina y Panamá se convierten en pioneros de su implementación en América Latina y Caribe. Hoy, Perú, Colombia, Costa Rica y República Dominicana están poniendo en marcha también sus propias IPG -aprovechando las lecciones aprendidas de Panamá- lo cual muestra hasta qué punto la fórmula es un éxito.

En ese sentido, ¿qué es lo que hace que las IPG puedan calificarse una fórmula exitosa?

Fundamentalmente tres factores. El primero es la constitución de una alianza de la que forman parte actores con capacidad de intervenir para cerrar de manera efectiva las brechas previamente identificadas. El reto es grande y ninguna entidad sola, ni tampoco el sector público, el privado o la cooperación internacional de manera aislada pueden cambiar la situación. Todos tienen que sumar propuestas, perspectivas, energías y recursos, y ese espacio de trabajo común es justo lo que ofrece la IPG, mediante la creación de su Grupo de Liderazgo y Comité Estratégico.

El segundo factor es el conocimiento. No puede haber transformaciones que no partan de un sólido diagnóstico del punto de partida, siendo este diagnóstico uno de los pilares de la iniciativa, sobre el que se modela un relato compartido y se fundamentan las decisiones de manera objetiva y veraz.

Y el tercero es la construcción participativa de un plan de acción a tres años, un plan que ha de ser integral pero, asimismo, concreto, revisable y con resultados que se puedan medir.

En Panamá ¿quiénes constituyen esa alianza?

En total, la conforman nueve instituciones públicas (Vicepresidencia y Ministerio de Relaciones Exteriores, Ministerio de Economía y Finanzas, Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, INAMU, AMPYME, Autoridad del Canal de Panamá, Superintendencia del Mercado de Valores, SENACYT e INADEH), los líderes de siete grupos empresariales o compañías privadas (Grupo Motta, Procter & Gamble, Banistmo, Empresas Bern, Stratego, Tecnasa y Grupo VerdeAzul), cinco organizaciones económicas y sociales (CONEP, APEDE, SUMARSE, WCD y Fundación Ciudad del Saber) y tres organismos internacionales (PNUD, ONU Mujeres y OIT), además del BID, claro.

Se trata, probablemente, de la plataforma más amplia y ambiciosa que se ha creado en el país para trabajar en pro de un desarrollo auténticamente inclusivo.

Esta alianza, y en esto hemos sido claramente pioneros, se ha oficializado en Panamá a través de la creación del Consejo Nacional para la Paridad de Género, por medio de dos Decretos Ejecutivos: el Decreto Nº 236 de 11 de Julio de 2018 y el Decreto Nº 624 de 17 de Octubre de 2018. Es este último el que designa a la Fundación Ciudad del Saber como Secretaría Técnica de la IPG y del Consejo, a partir de mayo de este año, para garantizar la continuidad del proceso en el delicado momento de transición gubernamental en el que nos encontramos.

Usted habló de la importancia de los planes de acción, ¿podría señalarnos qué tipo de medidas contiene el de Panamá?

Bueno, me atrevería a afirmar que el Plan de Acción de Panamá es el programa más completo de cuantos se han puesto en marcha en la región, probablemente debido a la extensión y profundidad de la alianza establecida en el país. Este consta de un total de 12 medidas y 59 actuaciones, que abarcan desde el impulso de oportunidades laborales para las jóvenes y las mujeres en condiciones de mayor vulnerabilidad, hasta la implantación de medidas de igualdad dentro de las empresas.

Lo interesante es que el Plan de Acción de la IPG Panamá se ha convertido en un paraguas que, junto a acciones nuevas, ha logrado situar bajo una misma “meta-estrategia” distintas iniciativas que estaban implementando diferentes instituciones, propiciando una mejor coordinación y sinergias (por ejemplo, el Sello de Igualdad en las Empresas, la Coalición Internacional por la Igualdad de Remuneración/EPIC o la Ley 56, que establece la participación de las mujeres en las juntas directivas de empresas estatales y de capital mixto).

Por otro lado, en Panamá desbordamos los ejes iniciales de la IPG (participación laboral, igualdad salarial y participación femenina en los espacios de decisión) para incluir otros temas que consideramos vitales para alcanzar el objetivo de la igualdad (apoyo al emprendimiento y mejora de la organización social del cuidado), pues sin tenerlos en cuenta es evidente que los avances serían mucho más lentos, costosos y limitados.

¿Necesita Panamá realmente desplegar un esfuerzo de este calado?, ¿tan mal estamos en materia de igualdad de género?

El asunto no es que estemos bien o mal, sino que podríamos y deberíamos estar mucho mejor. Panamá ocupó en 2017 el puesto 43, de entre 144 países, en el índice de brecha de género del Foro Económico Mundial, pero en participación laboral bajamos al lugar 104. Un dato muy preocupante, si bien también es cierto que la presencia de las mujeres en el mercado de trabajo ha experimentado un notable incremento durante los últimos años.

No olvidemos que Panamá continúa siendo unos de los países más desiguales del mundo y que hay todavía muchas mujeres enfrentadas a realidades de exclusión socioeconómica propias de países africanos. Me refiero, por ejemplo, a las indígenas, que cuentan con una tasa de participación laboral elevada pero que se limita a trabajos de supervivencia, encontrándose prácticamente ausentes del empleo asalariado (solo el 6% de las ocupadas lo son, diez veces menos que la media de mujeres a nivel nacional). Otros grupos como las mujeres afrodescendientes, las jefas de hogares monoparentales, las empleadas domésticas, buena parte de las que residen en el medio rural o las madres adolescentes constituyen grupos afectados por la exclusión laboral.

¿Por qué debemos involucrarnos en el camino hacia la paridad de género como país? 

Hay muchas razones. Por ejemplo, alcanzar la igualdad de género en el mercado laboral beneficiaría también a la macroeconomía, dado que nivelar la participación de hombres y mujeres incrementaría un 21% nuestro Producto Interior Bruto. El Banco Mundial estima que este dato a nivel global asciende al 28%.

Los estudios demuestran, además, que el incremento de los ingresos de las mujeres tiene un impacto directo en el bienestar de sus familias y comunidades. Del mismo modo, el país necesita imperiosamente aprovechar todo el potencial de las jóvenes capacitadas que salen de los centros de estudios, considerando que ellas son las que más talento cualificado aportan hoy en día. Un recurso que, por otra parte, se ha formado gracias al esfuerzo y los fondos que todos hemos invertido en su educación.

Un ultimo dato ampliamente avalado: una mayor diversidad de género en los puestos de decisión del mundo empresarial contribuye a la mejora de los resultados de las compañías.

Hablando del sector empresarial: ¿todas las empresas que lo deseen pueden adherirse al IPG?

¡Por supuesto! Un factor indispensable para el progreso de esta iniciativa es extender la alianza. Instituciones, empresas y personas tenemos un papel que cumplir para que la inclusión, diversidad e igualdad se hagan reales. Y las empresas, en particular, son una pieza clave por su rol central en la creación y reparto de oportunidades.

Por esa razón, se ha iniciado una campaña de adhesión de empresas, que ofrece a aquellas que decidan unirse un espacio de trabajo compartido para identificar su punto de partida y mejorar sus propios indicadores de situación, intercambiar experiencias y mejores sus prácticas.

Ya para terminar…la Fundación Ciudad del Saber ha asumido recientemente la Secretaría Técnica de la IPG, ¿puede explicarnos qué representa esta tarea para la institución y qué le gustaría haber logrado cuando entregue la responsabilidad a las autoridades designadas por el nuevo Gobierno?

Efectivamente asumimos la secretaría técnica el 20 de mayo de manera temporal. Esta tarea representa mucho para nosotros y nos hace sentirnos honrados. Este tipo de responsabilidades están alineadas a los objetivos y la naturaleza de la organización.

En la Fundación Ciudad del Saber, la igualdad entre hombres y mujeres se ha convertido, en los últimos años, en un compromiso orgánico de la institución, no solo por los proyectos que promovemos hacia afuera (siendo Canal de Empresarias el más conocido), sino por la apuesta que realizamos por cambiar hacia adentro ya sea incorporando a más mujeres en los órganos de dirección, impulsando medidas de conciliación para el personal o proponiéndonos hacer de CDS una ciudad para la igualdad.

Nuestro objetivo durante este periodo como Secretaría es que se consolide la iniciativa a través de la adhesión de nuevos aliados y la generación de un mayor número de alianzas que nos permita avanzar más rápido en esta camino  a la igualdad.

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