Cuando el sol veraniego asoma sus rayos por el horizonte y viene acompañado de las caricias de una brisa fresca, en Ciudad del Saber se respira el aroma de otra temporada más de su deporte favorito: el fútbol.

32 equipos inscritos y listos para defender su honor, cual gladiadores romanos, que intercambian sus armas y escudos por un balón, una gambeta, un pase filtrado, un grito de gol o de angustia, de entusiasmo y complicidad.

Camaradas en armas que salieron cada día de la semana para medirse a sus similares y demostrar por qué ellos podían ganar el juego. Un juego que mide su integridad en el peso en oro del trofeo de campeón en un frenesí que se apodera de las mentes más brillantes, y las piernas más dinámicas.

Fueron cuatro meses de partidos intensos en los que se vivió la pasión de una temporada más, donde 31 equipos fueron cayendo como fichas de dominó para rendir paso al único dominador: AUPSA.

La final se definió, como no podía ser de otra manera, en una palpitante batalla de talento y agallas que colocó a AUPSA en lo más alto de la cima futbolística del campus. Abajo, apenas un peldaño, el equipo de la Embajada de EE.UU. reposó resignado, pero con todo el honor que se le confiere a un subcampeón.

Otra temporada más llegó a su fin, y el campo bañado en agua y sofocado en humedad se despobló por completo, dejando una neblina de emociones y recuerdos de todos los gladiadores que participaron en la batalla por la gloria de ser campeón. En la batalla de la camaradería, de las sonrisas, de la pasión…, del fútbol.

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