El periodista, diplomático y dos veces presidente de la República de Estonia (2006 a 2016), promueve el desarrollo de tecnologías de información en su país desde que este recuperó su independencia. Educado en Estados Unidos, Hendrik Ilves ocupó varios cargos diplomáticos antes de ser elegido presidente de Estonia. Ha sido llamado el “arquitecto” del país “con más experiencia digital del planeta[1].”   

En 2016, recibió el Premio a la Libertad Digital en reconocimiento por su fomento de la libertad digital y por crear conciencia sobre las oportunidades y los desafíos que puede traer la revolución tecnológica. 

Desde hace unos años, Hendrik Ilves se dedica a escribir y hablar ampliamente sobre integración, relaciones transatlánticas, gobierno electrónico, seguridad cibernética y otros temas relacionados. 

Sumamente accesible y abierto al diálogo, el político estonio concedió a Ciudad del Saber unos minutos de su tiempo durante una visita reciente a Panamá, para hablar un poco de cómo empezó a convertir a su pequeño país en la sociedad más tecnológica del mundo, cómo se hizo fanático de tecnología y la importancia de cerrar la brecha entre la tecnología y a ética.

[1] “An Interview With The Architect of the Most Digitally Savvy Country on Earth” por Peter High, Revista Forbes, 23 de abril de 2018. 

La educación ha sido definida como un pilar de competitividad para Panamá y enfrentamos el reto de alcanzar una educación de calidad en todos los niveles, ¿cómo influyó su educación en el hombre que es hoy día? 

Se me ocurren dos momentos clave: el primero ocurrió cuando tenía 14 años y cursaba el noveno grado de colegio en Nueva Jersey, Estados Unidos. Tuve una maestra de matemáticas que en ese momento estaba haciendo su doctorado en Educación Matemática y ell tuvo la idea “loca”, en 1969, de enseñarnos a programar. Éramos un pequeño grupo y luego de 4 o 5, meses básicamente aprendimos a programar en “Basic.”

Lo curioso de todo esto es que aunque a la mayor parte de mis compañeros no les interesaban las computadoras, la mayoría de ellos prosiguió estudios en ese ámbito y allí, a los 14 años, fue donde se engancharon.

Aunque yo no seguí ese camino estrictamente hablando, una de las lecciones clave que obtuve es que nunca le tuve miedo a la TI. No soy un geek, pero de alguna manera siempre lo vi como algo más que se puede hacer.

El segundo momento clave en mi educación que me ha influenciado enormemente, se lo debo a la cantidad y al tipo de cursos requeridos para el grado en Filosofía Política de la Universidad de Columbia.  Por todas estas razones me interesan mucho estos tres temas: democracia, teoría de gobierno y tecnología de información.

La intersección de esos temas – tecnología, democracia y ética – tiene muchísima relevancia hoy en día…

Creo que estamos enfrentando un problema que descrito por primera vez por el novelista y científico británico C.P. Snow, quien escribió un ensayo en 1959 titulado “The Two Cultures.” Básicamente, en él explica cómo las personas del ámbito de las humanidades suelen no saber nada de ciencia y viceversa.  Sin embargo, él fue una persona que supo cubrir esa brecha.

Desde el punto de vista de otra persona que cruza también esa fisura, yo veo lo que acontece actualmente y siento que uno de los issues más grandes que enfrentamos es que las personas en tecnología no suelen pensar en la ética o en las implicaciones de lo que hacen. Esta brecha se evidenció muy claramente en las audiencias en el Senado estadounidense con Mark Zuckerberg [de Facebook]…

La realidad es que no será posible plantear buenas soluciones para enfrentar todos estos temas que han surgido en los últimos años – manipulación de elecciones, fake news, trolls – a menos que las personas en tecnología comiencen a pensar en el lado ético de las cosas y que las personas, digamos, del lado del gobierno entiendan de qué se trata la tecnología.

¿Cómo se cierra esa grieta?

En general, yo diría que todo el mundo debería aprender a usar una computadora, aprender a programar, etc., para que en el futuro tengamos políticos y legisladores responsables que sepan de qué estamos hablando.

Conversamente, las personas que siguen la ruta tecnológica deben saber de ética y humanidades.

¿Cómo tradujo usted todo esto a sus políticas de digitalización?

Cuando mi país obtuvo la independencia, estaba en un estado de pobreza extrema y, en retrospectiva, creo la experiencia de aprender a programar a los 14 años me inspiró para desarrollar el primer programa de digitalización en el país.

Luego, cuando analicé cómo se comparaba Estonia, pequeño y recientemente independiente, con otros países desarrollados que llevaban 50 años de estar construyendo grandes infraestructuras, superautopistas, etc., me di cuenta de que el plano tecnológico era uno en el que estábamos en un campo de juego parejo.

De ahí nació la propuesta de que todas las escuelas de Estonia se equiparan con laboratorios de computadoras que estuvieran conectadas. Logré convencer al Ministro Educación y así nació el programa. Para 1997-1998, todas las escuelas estaban online.

¿Qué impacto cree que tuvo ese primer programa en las escuelas?

Estonia tiene la tasa más alta de “unicornios[1]” per cápita, por ejemplo. Tenemos uno por cada 300,000 personas. Tenemos muchísimos startups, 4 de ellos son “unicornios.”  Inventamos Skype.

Creo que todo esto no es una casualidad. Cuando hablaba con estas personas, muchos me decían: “estuve en su programa hace 20 anos, era un niño, pero ahora sigo haciendo esto.”

Finalmente, ¿cómo cree usted que la tecnología y la digitalización pueden ayudar a Panamá a dar una imagen de mejor transparencia? 

Pienso que muchas de las situaciones donde se pueden dar situaciones de poca transparencia son “discrecionales”; es decir, existe una decisión a tomar por parte de una persona.

Piensa, por ejemplo, en las multas de por exceso de velocidad. En Estonia, la única forma en que se puede multar a una persona es si la infracción por velocidad está comprobada por un radar conectado a una computadora. No hay forma de “evitar” esta multa. Un policía te detiene pero no tiene un rol discrecional en si pagas la multa o no.

En ese sentido, la transparencia se puede mejorar al reducir el factor humano y creo que muchas situaciones de esta índole se volverían mucho más eficientes.

Además, es importante tener en cuenta que el desarrollo digital no es responsabilidad de un solo ente. Para que funcione este cambio, se debe contar con la participación de la sociedad civil y del sector privado también. El gobierno, por su parte, debe estar dispuesto a asumir estos riesgos. No puede ser algo que permee de abajo hacia arriba.”-

[1] En el contexto del emprendedurismo, los “unicornios” son compañías tecnológicas que alcanzan un valor de mil millones de dólares en alguna de las etapas de su proceso de levantamiento de capital. Se caracterizan por su tecnología disruptiva. El término fue inventado por Aileen Lee, fundadora de Cowboy Ventures, en 2013. Fuente: www.entrepeneur.com

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