El saber de la Ciudad: Ser lo que hacemos

Fundación

El pasado 26 de julio, un breve comunicado de prensa dio a conocer la formación del Consorcio de Investigación de Vacunas COVID-19 Panamá mediante un acuerdo entre el Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología y el Centro de Investigación CEVAXIN, avalado por la Secretaria Nacional de Ciencia Tecnología e Innovación. El consorcio, decía el comunicado, tendrá la misión de “contribuir con el desarrollo clínico de una vacuna contra COVID-19 para el mundo”, mediante el aporte de “la capacidad humana, la infraestructura y la experiencia en la implementación y conducción de estudios clínicos”.

Esas capacidades incluyen un Grupo Científico integrado por “investigadores y científicos de vasta experiencia”, y un Grupo Operativo constituido por “coordinadores de invesgación clínica, enfermeras, farmaceutas y laboratoristas”. Además, el consorcio cuenta con un Grupo Consultor integrado por entidades como la Organización Panamericana de la Salud, el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, y entidades regulatorias como el Comité Nacional de Bioética de la Investigación, la Dirección General de Salud del Ministerio de Salud, la dirección de Farmacia y Drogas, y VaxTrials, una organización “que asegura la correcta ejecución de los protocolos y la calidad de los datos que se generen durante la conducción de las investigaciones”.

El consorcio, por otra parte, busca ir más allá de contribuir al desarrollo de una vacuna COVID-19. Sus objetivos incluyen, además, generar “información temprana” en Panamá que permita “demostrar que las vacunas son seguras, inmunogénicas y eficaces en nuestra población”, mediante un conjunto de actividades que permitan informar “a las autoridades de salud y tomadores de decisión de los avances que se presenten en las mismas”.

Dos precedentes ayudan a comprender la trascendencia de este emprendimiento. Uno es, por supuesto, el hecho – menos conocido de lo que debería ser – de que el país cuenta ya con experiencias relevantes en el desarrollo de “diversos estudios de investigación clínica en vacunas”, cuyos resultados han sido publicados en revistas científicas y médicas de prestigio, y han permitido licenciar e incluir algunas de estas vacunas en el Programa Ampliado de Inmunización de Panamá.

El otro consiste en que el país dispone de un sistema integrado de gestión del conocimiento. Ese sistema permite desarrollar, en este caso, relaciones de colaboración entre nueve entidades de investigación científica del país y el exterior, otras entidades entidades públicas y privadas, y – sobre todo – una creciente comunidad de trabajadores de la ciencia en la que se combinan la riqueza de la experiencia de unos con la excelente formación y el empuje juvenil de otros.

A ese sistema, desarrollado a lo largo de veinte años para contribuir a la creación de un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático mediante la formación de una comunidad innovadora que estimule y facilite el cambio social, se le conoce en Panamá con el nombre de Ciudad del Saber. Su naturaleza a la vez flexible y rigurosa le permite actuar en una diversidad de campos del saber y el hacer, que van desde la investigación biomédica a las industrias creativas; desde la gestión ambiental a la innovación tecnológica, y desde el desarrollo de nuevas capacidades de gestión empresarial hasta el fomento del desarrollo humano.

Gobernar es prever. Quienes concibieron originalmente la Ciudad contaban con la cultura y la experiencia necesarias para entender las transformaciones en curso en el mundo a fines del siglo XX, y prever la complejidad de los efectos que tendría en Panamá la integración del Canal a su economía interna, y del país mismo al mercado global en el curso de las primeras décadas de un siglo XXI que entonces estaba por empezar.
Nadie podía imaginar entonces que la irrupción de una pandemia como la que hoy padecemos vendría a ser el detonante de las contradicciones económicas, sociales, ambientales y políticas acumuladas en la segunda mitad del siglo XX. Aun así, ya era visible el hecho de que la ciencia, la tecnología y las identidades culturales que otorgaban sentido a su aplicación constituirían un factor decisivo en el ingreso de la comunidad mundial al siglo que venía.

De aquella certidumbre vienen estos logros. El mundo nuevo no es un mero hecho ineluctable, sino un proyecto al servicio de siete mil millones de seres humanos, en todos los planos de la existencia de cada uno de ellos. La Ciudad es uno de los medios de que viene dotándose el país para hacerse parte de ese proyecto, sometido a prueba por la pandemia sin que por eso deje de operar desde la realidad de hoy, hacia pasado mañana.

La Ciudad da la bienvenida al nuevo consorcio biomédico que se incorpora a su comunidad innovadora, consolidándola y fortaleciéndola. Crear las condiciones que estimulen y faciliten ese tipo de emprendimientos es nuestra tarea. Cada logro como este confirma la razón de nuestros fundadores, y la razón de ser lo que hacemos.

Ciudad del Saber, Panamá, 14 de agosto de 2020
Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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