El saber de la Ciudad: La pandemia en la Ciudad, y la Ciudad en la pandemia

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La pandemia de COVID-19 es un hecho global con múltiples expresiones glocales. Se ha difundido desde las regiones más desarrolladas del mundo hacia las de mediano y bajo desarrollo.  No es el caso de la malaria, el dengue o el ébola, concentrados en las regiones intertropicales menos desarrolladas, y cuyo impacto no afecta la marcha de la economía mundial.

La pandemia en la Ciudad es enfrentada mediante disposiciones que protegen la salud de sus colaboradores y afiliados, en colaboración con otras entidades que contribuyen a promover las medidas que adoptan las autoridades sanitarias del país. Al propio tiempo, la visión y la misión de la Ciudad la mueven a propiciar la reflexión sobre aquellos aspectos de la pandemia que trascienden sus manifestaciones inmediatas, y nos advierten sobre las transformaciones en curso en nuestro entorno global.

La tarea mayor de la Ciudad en la pandemia consiste en proyectar esa reflexión en el tiempo y el espacio, incorporando las perspectivas de las ciencias – todas ellas -, la empresa, la innovación tecnológica para el cambio social, y las visiones del mundo que inspiran nuestra cultura. En esa tarea hay un lugar para las Humanidades – y en particular la historia -, con su especial capacidad para integrar en el tiempo lo que las ciencias analizan en el espacio.

Esta vez, el espacio es el planeta entero, y el tiempo es el de la organización de ese espacio como un único mercado mundial a lo largo de los últimos cinco siglos, y sobre todo de los últimos dos. Para comprender esto, lo que realmente importa es la organización del tiempo por el historiador en función de aquello que busca comprender. En este caso, lo que nos interesa es el vínculo entre la salud y el desarrollo humano en el periodo de madurez del mercado mundial.

Al respecto, sabemos que la enfermedad y la muerte son hechos naturales, pero que la salud es un hecho social, íntimamente asociado a las formas en que los seres humanos se relacionan entre sí y con su entorno natural. De comienzos del siglo XIX a nuestros días, esas formas de relación han experimentado tres grandes transformaciones, y están ingresando a una cuarta. Por su forma tecnológica, llamamos a esas transformaciones revoluciones industriales (RI), y medimos a grosso modo su impacto social y ambiental por su vínculo con los cambios demográficos y del entorno natural.

La I RI se originó a partir del aprovechamiento del vapor como fuente de energía desde comienzos del siglo XIX. Esta innovación tecnológica permitió mecanizar la producción que antes se hacía de manera fundamentalmente manual. Además, abrió paso al uso masivo de combustibles fósiles – en este caso, el carbón mineral-, inició el proceso de calentamiento global que nos ha conducido hoy a los azares del cambio climático y estimuló la concentración de la población en áreas urbanas.

Desde fines del XIX, la II RI permitió aplicar la electricidad a la masificación de la producción, extendió la actividad productiva al horario nocturno, aceleró el desarrollo de la vida urbana y amplió la demanda de combustibles fósiles y materias primas provenientes del todo el planeta. Para la segunda mitad del siglo XX, la III RI, asociada a la aplicación de tecnologías de la información a la actividad productiva, fomentó la automatización de la producción en un mercado mundial cada vez más urbanizado, y facilitó una enorme ampliación del consumo de bienes y servicios.

Hoy estamos ingresando en una IV RI, en la que la aplicación de las tecnologías de la información y la comunicación inaugura un proceso de integración y aceleración de los procesos de producción, circulación y consumo de bienes y de acceso a servicios, sin precedentes en la historia de la Humanidad. Hoy, también, más de la mitad de los humanos reside en aglomeraciones urbanas, y se calcula que llegarán a ser 7 de cada diez a finales de siglo. Esto se combina con un incremento en nuestro número que, tras tardar 10 mil años en llegar al billón a comienzos del siglo XIX, se multiplicó por dos a comienzos del XX, llegó a 4 billones hacia 1950, y para comienzos del XXI sobrepasó los 7.5 billones.

En el proceso, nuestras formas de vida social se han masificado sin transformarse. Ese crecimiento sostenido con desarrollo desigual ha sido subsidiado por la explotación masiva y constante de los recursos naturales y humanos del planeta, que ha guiado lo fundamental de la innovación y el cambio tecnológico durante los últimos 200 años.

Desde la Ciudad, la pandemia del COVID-19 confirma la necesidad de pasar de una tradición de innovación para el crecimiento sostenido a una estrategia de innovación para el cambio social que permita hacer sostenible el desarrollo de nuestra especie. La Ciudad ha planteado el problema de manera correcta. Inicia, apenas, el proceso de constituir la comunidad innovadora capaz de encararlo en su ámbito de incidencia.

La Ciudad no está sola, ni mucho menos. Por el contrario, crece con el mundo, para ayudarlo a crecer desde la red de redes que promueven la sostenibilidad del desarrollo humano. Hace lo que debe. Hace bien.

Ciudad del Saber, Panamá, 20 de marzo de 2020
Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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