Respuesta de Ciudad del Saber ante la Covid-19

El saber de la Ciudad: La Ciudad adelantada

Fundación

La Ciudad ofrece un elemento innovador que aún está por explorar. Se trata de ella misma como modelo para la gestión del conocimiento, esto es, para vincular entre sí, de manera cada vez más eficiente, tres procesos que entre nosotros suelen operar por separado. Uno es la producción de conocimiento mediante la investigación; otro, su difusión mediante la educación, y el tercero, su aplicación a la producción de soluciones innovadoras a los problemas de la vida social.

Ese empeño no es nuevo. A lo largo de la historia, sociedades distintas la han organizado de manera diversa, según sus propias necesidades. La que conocemos hoy, con sus dos polos principales en la universidad y la empresa data de apenas mediados del siglo XIX y ya venía entrando en transformación para fines del XX.

Esa transformación se despliega y se enriquece cada día en nuestro siglo. En algunos lugares está muy avanzada, y tiene ya carta de naturalidad, y lenguaje y normas propios. En otros, aún está atravesando por el conflicto entre las formas y razones del ayer, y las que ya demanda el mañana.

La vieja organización del conocer nació, en un mismo proceso, de los viajes de exploración y comercio que dieron forma al mercado mundial, y de los talleres y las fábricas que dieron forma a la producción industrial moderna. Los primeros aportaron una masa enorme de información y materias primas.

Los segundos encararon la tarea de convertir en productos útiles a esas materias primas, y enriquecer así con una perspectiva práctica al procesamiento de aquella información.

La universidad moderna nació de la revolución industrial, y para ella. No desempeñó un papel importante en la producción de las primeras máquinas de vapor, pero tuvo uno decisivo en la formación de los ingenieros y especialistas que convirtieron a esas máquinas en el medio para mecanizar la producción y llevarla a escalas antes inimaginables, y proporcionarle además los medios de transporte para abastecerla de materias primas, y distribuir por ese mundo sus productos.

La electricidad masificó después lo que el vapor había mecanizado, y la computación vino a automatizarlo medio siglo después. Para entonces sin embargo la estructura bipolar universidad – empresa resultaba ya insuficiente para canalizar la energía generada por aquel proceso de cambios, y eso abrió paso a dos nuevos componentes del proceso. Uno fue la creciente intervención del Estado en el estímulo a la innovación, y el otro fue el desarrollo de la innovación como un campo específico de actividad.

A lo largo de ese proceso, la investigación pasó a convertirse en el componente de mayor importancia en el sistema. Por un lado, para producir los conocimientos que la universidad difundía. Por el otro, para asociarse con la actividad empresarial en la aplicación del conocimiento a la innovación tecnológica, con el creciente apoyo estatal que vino a caracterizar a ese proceso en las economías más desarrolladas.

A eso vino a agregarse un giro de importancia cada vez mayor en el nuevo sistema de gestión del conocimiento. En su primera fase, el viejo sistema enfatizó sobre todo las tareas relacionadas con el desarrollo y la diversificación de la producción misma. En su fase actual, el mercado demanda cada vez más la producción de las condiciones que hacen posible esa producción de bienes y servicios.

Esas condiciones son tres. Las primeras son las naturales, que garantizan el acceso a los recursos imprescindibles para la producción, como el agua, la tierra, las materias primas, la energía y la gestión de desechos. Las segundas son las territoriales, que garantizan la organización del espacio y la dotación de las infraestructuras necesarias para el flujo de las actividades que van desde la producción a la circulación y el consumo de lo producido. Y las terceras son las sociales, que incluyen a un tiempo la formación de la fuerza de trabajo y la creación de las condiciones de salud, vivienda, seguridad social y vida en comunidad que garanticen su productividad y su reproducción.

Lo que vemos, en suma, es un proceso de transición entre un desarrollo sostenido por la especialización y la agregación de capacidades de todo tipo, hacia otro que tiende a la diversificación mediante la integración de las capacidades así creadas. En esta dirección se despliega ya la innovación que demandan los tiempos en que andamos; en este sentido va tomando cuerpo la nueva normalidad que vamos forjando con nuestro trabajo.

La pandemia ha venido a cerrar un ciclo histórico. Eventos semejantes cerraron ciclos anteriores, y dieron paso a etapas nuevas en el desarrollo humano. En cada uno de esos casos, la transición favoreció en primer término a quienes habían hecho de la innovación – tecnológica, social, cultural y política – el objetivo fundamental de su actividad.

La Ciudad nació y se formó para resolver un problema que apenas emergía veinte años atrás: aprovechar las oportunidades que ofrecía el ingreso de Panamá al mercado global para crecer con el mundo, y ayudarlo a crecer. Hoy, ese problema toca a las puertas de todos.

Algunos intentan resistir al cambio; otros, adaptarse, y otros más procuran sumarse a la transformación del mundo que ya está en curso, más allá de la incertidumbre y los azares de lo inmediato. El mundo que viene es el de la Ciudad: la protegemos hoy para mantenerla viva y activa en el camino a la circunstancia para la que fue creada.

Ciudad del Saber, Panamá, 7 de agosto de 2020
Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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