Respuesta de Ciudad del Saber ante la Covid-19

El saber de la Ciudad: El tiempo que viene, y la Ciudad

Fundación

“Hijo,
Espantado de todo me refugio en tí.
Tengo fe en el mejoramiento humano,
en la vida futura,
en la utilidad de la virtud,
y en tí».

José Martí [1]

Concluye el año de la pandemia antes de que concluya la pandemia del año. El efecto ha sido devastador en lo económico y ha exacerbado los problemas de inequidad y exclusión que ya afectaban a todas las sociedades del planeta. Al propio tiempo, allí donde la sociedad contaba con sólidos fundamentos democráticos, de identidad y de cultura, hemos tenido ejemplos notables de capacidad para el manejo de lo inesperado, como ha sido el caso de la Nueva Zelanda -Aotearoa, “tierra de la gran nube blanca”, en el lenguaje de los maoríes, su pueblo originario -, tan pequeña y distante, al Sur del Sur.

Así, de súbito solo en apariencia, se ha desplegado de lleno el cambio de épocas en que ha venido a desembocar lo que para muchos pareció a primera vista una mera época de cambios. Así, también, se presenta ante nosotros el conflicto humano – y por lo mismo natural – entre el cambio y la resistencia al cambio o, si se quiere, entre la voluntad de progreso y la persistencia del atraso. Y así también se ha hecho evidente que el factor decisivo en esta crisis no ha sido el poderío – económico, militar o político -, sino aquella capacidad de previsión que se expresa en la prioridad otorgada al desarrollo humano, y a la creación de las capacidades para lograrlo y preservarlo.

En estas cosas es bueno aconsejarse, sobre todo con voces de largo aliento. Tal, por ejemplo, la del historiador inglés Edward Hallet Carr, quien en 1961 se refirió al cambio de épocas que experimentaba su país cuestionando en primer términos a aquellos “profetas de la decadencia” que “no ven en la historia sentido alguno” y afirman “que el progreso pasó a mejor vida.” Ante esos escépticos, Carr sostenía que:

La creencia en el progreso no significa la creencia en un proceso, cualquiera que sea éste, automático e ineluctable, sino en el desarrollo progresivo de ls potencialidades humanas. El progreso es un término abstracto; y las metas concretas que se propone alcanzar la humanidad de vez en cuando en el curso de la historia, y no de alguna fuente situada fuera de ella.

Y añadía que se trataba de:

un progreso hacia metas que sólo pueden irse definiendo conforme avanzamos hacia ellas, y cuya validez nada más puede comprobarse en el proceso de alcanzarlas. [2]
      
La Ciudad tiene mucho que aprender y que enseñar desde reflexiones como la que nos ofrece Carr. De marzo acá, por ejemplo, hemos visto confirmada la capacidad de nuestra gente para el progreso en múltiples iniciativas, no solo para debatir desde sí misma sus problemas, sino además para encararlos desde sus propias organizaciones, en lo urgente como en lo importante. Hemos visto, también, a la ciencia panameña reaccionar con prontitud y eficacia ante la crisis, ofreciendo a su sociedad los frutos de las modestas inversiones que el Estado había venido realizando en el fomento de capacidades para la investigación en salud y en otros campos. Y, sobre todo, hemos visto la reacción solidaria de nuestra gente ante el sufrimiento creado por la pandemia y los desastres naturales de noviembre.

Mucho de eso, por otra parte, ha sido promovido por organizaciones de un tipo nuevo en Panamá, cuya utilidad para el país se ha visto confirmada ante los desafíos que todos compartimos. Esto es importante, porque el progreso demanda medios adecuados a sus fines, que deben ser creados y desarrollados por quienes promueven esos fines. Lo hemos visto antes: en 1821 creamos una república que nos convirtió de súbditos en ciudadanos; en 1903, decidimos asumir nuestra propia ciudadanía para garantizar el progreso de la sociedad que éramos, y en 1979, utilizando el medio creado por el tratado Torrijos-Carter, progresamos en dirección a convertirnos en una república plenamente soberana.

El trayecto recorrido desde entonces, al calor de las experiencias del año que termina, nos dice que la tarea mayor del bicentenario de la creacion de nuestra república consiste en lograr que ella llegue a ser a un tiempo próspera, inclusiva, sostenible y plenamente democrática. Eso define el progreso de nuestro tiempo y, con ello, los medios y las conductas necesarias para alcanzarlo, en prueba de nuestra capacidad para el mejoramiento humano mediante el ejercicio de la virtud en el camino hacia la vida futura a que aspiramos.

Ciudad del Saber, Panamá, 27 de noviembre de 2020
Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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1. Ismaelillo

2. Carr, E.H. (196: 184-185): ¿Qué es la historia? Ariel, Barcelona, 2014.

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