El saber de la Ciudad: Desde pasado mañana

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Entre 1918 y 1920, en un mundo poblado por unos dos mil millones de humanos, la pandemia de la llamada gripe española ocasionó unos 40 millones de muertos. En 2019, cuando la población de humanos se acerca a los ocho mil millones, la pandemia del Covid 19 ha ocasionado algo más de un millón de muertes.

Esa diferencia en las cifras se explica si consideramos el impacto de ambas pandemias en la perspectiva más amplia del momento de desarrollo civilizatorio en que cada una tuvo lugar. Ambas, por supuesto, tuvieron lugar en momentos de crisis en el desarrollo del sistema mundial. La de 1918 – 1920, en el gran desorden de la I Guerra Mundial y sus consecuencias. La de 2019, en las etapas iniciales de una crisis económica y social, agravada por una creciente inestabilidad política. Por lo mismo, para comprender la diferencia en su impacto necesitamos tomar en consideración las tendencias dominantes en el desarrollo del moderno sistema mundial en que tuvieron lugar.

En el caso de la gripe española, esa tendencia general era ascendente. El sistema iniciaba entonces su transición desde su organización colonial dominante desde 1750. Así, en aquel proceso de transición el mundo se encontraba apenas en la primera fase de la Gran Guerra de 1914-1945, que desembocaría en la desintegración del sistema colonial y la integración del internacional.

Esto debería decirnos algo sobre nuestras perspectivas de futuro. Para lograrlo, debemos ser capaces de observar el mundo de anteayer desde el claroscuro de las incertidumbres que nos plantea el de pasado mañana. Algunas de esas incertidumbres expresan el temor que provoca el agotamiento de una fase histórica en el desarrollo de nuestra especie, devorada por las contradicciones y conflictos de los grupos humanos enfrentados entre si y con su entorno natural. Otras expresan la esperanza de trascender esa fase agotada para ingresar en otra de superior calidad humana, aprovechando lo mejor del pasado para construir un futuro libre de los males del presente.

A esto último se han referido, por ejemplo, las Encíclicas Laudato Si’ y Fratelli Tutti del papa Francisco, publicadas en 2015 y 2019, respectivamente. La primera expuso la dimensión ambiental de nuestros problemas sociales, como lo recomendara alguna vez el historiador norteamericano Donald Worster al decir que el ambiente es un espejo que la naturaleza pone ante nosotros para enseñarnos el verdadero rostro de nuestra socieda. La segunda nos plantea la dimensión política de esos problemas sociales, a la luz de valores y esperanzas que todos compartimos, aunque a menudo constituyan más la expcepción que la norma en la vida del mundo que hasta ahora hemos construido.

Ninguna de las dos ha sido pensada como un documento erudito – aunque ambas lo sean – sino y sobre todo como una agenda para el diálogo entre los humanos acerca de nuestro futuro. En eso, la Iglesia de Francisco tiene amplia experiencia en la gestión de procesos de larga y muy larga duración. Desempeñó un papel de primer orden en la transición de la Edad Antigua a la Edad Media; supo sobrevivir a la transición entre la Edad Media y la Moderna, iniciar su propia reforma – con los altibajos propios de toda obra humana -, y contribuye ahora a encauzar la transición que vivimos hacia un futuro aún incierto.

Ese sentido del papel de la esperanza en el proceso mayor del desarrollo humano se cimenta en valores de fraternidad, cordialidad, laboriosidad y solidaridad que son característicos de nuestra especie. El desarrollo que nos interesa es el de las mejores características que nos distinguen como especie, en el sentido – por ejemplo – en que lo entendía José Martí al decirnos que

Los tiempos no son más que esto: el tránsito del hombre – fiera al hombre – hombre. ¿No hay horas de bestia en el ser humano, en que los dientes tienen necesidad de morder, y la garganta siente sed fatídica, y los ojos llamean, y los puños crispados buscan cuerpos donde caer? Enfrenar esa bestia, y sentar sobre ella un ángel, es la victoria humana.[1]

Así vistas las cosas, la Ciudad no se pregunta qué será de ella, sino cómo guiarse por su visión en estos tiempos de claroscuro. Una prosperidad inclusiva y sostenible, al amparo de una sociedad democrática, constituye sin duda una victoria humana, cuya gestación demanda una comunidad innovadora capaz de poner sus capacidades y recursos al servicio de la innovación para el cambio social. Eso hacemos. Eso somos. Y seguiremos siendo.

Ciudad del Saber, Panamá, 16 de octubre de 2020
Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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