Es un lunes de septiembre, a las nueve a.m. y el salón de convenciones de la Fundación Ciudad del Saber está repleto: empresarios, funcionarios, académicos, creativos y sobre todo, muchos rostros jóvenes. La luz de sol se filtra entre las hojas de los árboles que rodean el salón y llena el espacio atravesando amplios ventanales. El zumbido de varias conversaciones animadas se mezcla con la música jazz que recibe a los asistentes; la expectativa es palpable. ¿El motivo? El lanzamiento del “Clúster de Industrias Creativas”; una iniciativa que busca agrupar líderes empresariales, Gobierno y actores de las industrias culturales y creativas de Panamá para incrementar la visibilidad de este sector, impulsar su productividad, competitividad y potenciar la innovación.

La iniciativa la lidera la Fundación Ciudad del Saber y cuenta con el respaldo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura (CCIYAP). Con ella, Panamá aspira crear un espacio de colaboración creativa, emulando potentes iniciativas de la misma índole en grandes urbes latinoamericanas como Santiago, Buenos Aires y Bogotá. En este artículo exploramos el potencial e impacto de un clúster de industrias creativas para el desarrollo del sector creativo y cultural del país y, a mayor escala, para la economía.

Las sinergias de la clusterización

Richard Florida, profesor experto en competitividad económica, tendencias demográficas e innovación cultural y tecnológica, autor del libro “Las Ciudades Creativas: por qué dónde vives puede ser la decisión más importante de tu vida, argumenta que el lugar que uno escoge para vivir tiene más influencia en nuestras vidas que casi todas las otras decisiones que tomemos.

El teórico norteamericano cree que detrás de las verdaderas fuerzas económicas del mundo no están los países, sino los clústeres que se forman en las mega ciudades y por ello, brinda este consejo estratégico: escoger deliberadamente su ubicación.

Esto es particularmente cierto para las personas que forman parte de las industrias creativas y culturales, las cuales UNESCO define como “aquellos sectores de actividad organizada que tienen como objeto principal la producción o la reproducción, la promoción, la difusión y/o la comercialización de bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial”.

Según Florida,  “las personas creativas tienden a formar clústeres no simplemente porque les gusta estar en cercanía mutua o porque prefieren centros cosmopolitas con una multitud de amenidades” (…), sino también porque “una tal densidad, ofrece ventajas productivas poderosas, economías de escala y un ‘derrame colateral’ de conocimiento  (knowledge spillover)” del que todos se benefician.

Los académicos hablan desde hace algunos años de la fuerza de la clusterización y sostienen que una de las claves para el crecimiento económico radica en la concentración (o clusterización) de personas productivas, talentosas y creativas.  Es una especie de círculo virtuoso: las nuevas ideas y la productividad se potencian cuando estamos cerca de otras personas con dichas características, lo cual a su vez nos hace más productivos, generando mayores beneficios, insumos y riqueza.

Por esta razón, desarrollar clústeres para las industrias se ha convertido en un objetivo clave para el desarrollo económico local, ya que se ha demostrado que estos fortalecen la competitividad, aumentando la productividad, estimulando las alianzas innovadoras y presentando oportunidades para el emprendimiento.

La representante del BID en Panamá, Verónica Zavala, opina que “las industrias culturales y creativas son una fuente de oportunidad y enorme potencial” y que es un buen momento para que Panamá actúe e impulse este sector como un motor de crecimiento y una alternativa más para el desarrollo.

Con iniciativas como el clúster de industrias creativas que se lanzó este año en Ciudad del Saber, la brecha entre el interés, la intención y las acciones va cerrándose, pero hay que cuantificar ese potencial para saber realmente cuál es su impacto.

Ya en 2013, con el ánimo de estimular el debate en América Latina y el Caribe sobre la contribución de la creatividad como un elemento integral del desarrollo económico, el BID lanzó el libro “La economía naranja: una oportunidad infinita.”  Desde entonces, Zavala apunta que este ha sido el informe con mayor volumen de descargas online del BID. Esta demanda de información sobre el tema no puede ser casual y demuestra que más personas creen en el potencial de ese sector y en la necesidad de impulsarlo.

Según Galileo Solís, Especialista Sénior en Competitividad, Tecnología, Innovación del BID, “la economía creativa produce valor cultural y económico y cuantificarlo permitirá que esta sea sostenible.” En efecto, las cifras sobre el impacto económico de las industrias creativas no son despreciables: a nivel global, la llamada “economía naranja” representa un 5.2% del PIB y 5.3% del empleo.

En Panamá, según datos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y la Facultad de Economía de la Universidad de Panamá, la industria creativa aportó el 6.3% al PIB del país en 2016 y generó 58,142 trabajos (4.4% de la población ocupada).

El camino a seguir para el clúster panameño

Países como Argentina, Colombia, Brasil o Chile han logrado crear con éxito espacios de colaboración creativa aglomerando una diversa agenda de actividades culturales y de personas y compañías de la industria creativa, conectándolas a su vez con actores locales para crear valor. Estos clústeres sirven como estrategia de desarrollo para las propias industrias y en muchos países incluso la estrategia se encaja con la de la marca-país.

En Panamá, el clúster “llena un vacío que necesitan nuestros artistas y creativos”, de acuerdo con el Viceministro de Comercio e Industrias, Néstor González, pero es importante sobrellevar varios obstáculos. El BID ha diagnosticado brechas como la falta de información y estadísticas, insuficiente capital humano e instrumentos de política, necesidad de una mayor coordinación público-privada y mayor protección de la propiedad intelectual.

Para Walo Araújo, Vicepresidente de Comunicaciones de la Fundación Ciudad del Saber (FCdS), es clave identificar oportunidades conjuntas para lograr una formación oportuna, así como la profesionalización, investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), asesoría jurídica, networking y cabildeo necesarios. Para ello, la Fundación se ha trazado una ruta crítica de implementación a cinco años que contempla las etapas de incubación, desarrollo y madurez del clúster.

Uno de los aspectos clave en este proceso es reconocer que “la cadena de valor de estas industrias es diferente y hay que entenderlas, generar planes de acción y estrategias que respondan a cada una de sus particularidades y dotarlas de las herramientas necesarias para competir en el mundo de los negocios”, añade Araújo.

Iniciativas culturales como el Festival de Cine Internacional (IFFF) de Panamá, el Microbrew Fest, TRAMA, y el Festival PRISMA han sido importantes precursoras de este clúster, las cuales han tenido un impacto significativo en posicionar la cultura en Panamá estos últimos tres años. Araújo sostiene que esto no solo genera ingresos y empleo, sino que también construye reputación para el país, atrayendo programas académicos y de formación profesional, startups y profesionales independientes, empresas innovadoras, festivales, proyectos internacionales y haciendo posible la articulación y colaboración de todos estos actores para favorecer el desarrollo del sector cultural y creativo de Panamá. “Ayudar a unir lo que está desunido, ese será sin duda el principal desafío,” añade.

Algunas de las líneas de acción ya están en marcha, “otras se encuentran en excelentes condiciones para ser impulsadas a corto o mediano plazo,” puntualiza. Los ingredientes están allí, se inicia una nueva era.  En Panamá, la semilla ha germinado al fin.

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