Cuando Conservatorio, una empresa dedicada a la revitalización urbana sostenible en el Casco Antiguo de la ciudad de Panamá, recibió su certificación B-Corp hace dos años, la compañía alcanzó formalmente una categorización corporativa que resume el modelo de negocios que han adoptado desde el principio: aquel que compromete a las compañías a tomar en cuenta los impactos ambientales y sociales en sus decisiones comerciales y financieras.

Pero para Conservatorio, esta certificación es solo un punto de referencia en el camino recorrido y el horizonte que se han trazado desde que Keyes Christoper “KC” Hardin, cofundador y presidente de la empresa, se mudó a Panamá en 2004 dejando atrás una carrera como abogado especializado en derecho societario, fusiones, adquisiciones y capital privado en Nueva York.

Hardin explica que los ataques ocurridos el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos fueron para él un punto de inflexión que le hicieron replantearse qué quería realmente hacer con su vida y su futuro, por lo que tomó unas vacaciones en Panamá para reflexionar sobre su próximo paso. Tras solo dos semanas en el país, había decidido quedarse. En el año que siguió, conoció aquí a su esposa y rápidamente se hizo muy claro que para su nuevo rumbo profesional buscaba un trabajo estimulante, que implicara ser creativo, pero sobre todo, que tuviera un impacto positivo: un propósito.

“Empecé a conocer el Casco Viejo y comprendí que en ese momento el barrio comenzaba un proceso de revitalización inevitable. Era evidente que aquí borboteaba bajo la superficie una tensión que necesitaba abordarse: entre la gestión y protección del patrimonio histórico y el humano”, dijo Hardin. “Por casualidades de la vida, yo siempre he vivido en barrios que, de alguna u otra forma, crecieron muy rápidamente y que, como consecuencia de ese proceso de desarrollo apresurado, perdieron su alma; algunos terminaron por deteriorarse. La realidad es que los entornos urbanos son muy delicados y se requiere de un toque especial para que los impactos negativos que pueden producirse como consecuencia natural de un proceso de revitalización se gestionen y se mitiguen adecuadamente”.

“Conservatorio nació de la idea de que la revitalización urbana es sumamente importante y que las ciudades tienen que reinventarse: necesitamos espacios comunitarios más caminables y vidas más sociales que incorporen la cultura en nuestra comunidad; nuestros barrios necesitan ser más inclusivos, albergar un equilibrio entre los varios niveles socioeconómicos. Nuestra política interna de desarrollo inmobiliario busca este balance: por ello, siempre construimos un apartamento accesible por cada apartamento de lujo. Conservatorio construye, por ejemplo, algunos de los apartamentos más costosos de la ciudad de Panamá, pero también algunos de los más accesibles, todo en un perímetro que no excede las 10 manzanas”, añade.

La lección trascendental de todo esto es que se puede hacer algo bueno por la sociedad y el ambiente que también sea bueno para un negocio. Conservatorio se fundó para la renovación urbana sostenible e inclusiva, una que pone al ser humano en el centro del desarrollo y la gestión inmobiliaria.

“Como empresa, hacemos lo que está en nuestras manos para contribuir a la protección de ambos patrimonios [el histórico y el humano]. Creo que la sostenibilidad de las empresas tiene un solo camino y tiene que ver con la ética de la reciprocidad (conocida en inglés como The Golden Rule): es decir, las compañías deben actuar de la forma que nosotros, como seres humanos, esperamos que ellas actúen”, explica.

Si bien opina que las empresas en general deben empezar a pensar cada vez más de esta forma, Hardin cree que esto es especialmente importante en el mercado inmobiliario. “La industria de los bienes raíces es verdaderamente ubicua, porque penetra y alcanza todo: en otras palabras, todos vivimos en espacios construidos por este sector. Esto quiere decir que si queremos tener un mundo mejor, necesitamos -entre otras cosas- que en la industria de los bienes inmuebles se tenga esa visión a largo plazo y se empiece a pensar y a poner a las personas primero”.

Conservatorio ha desarrollado y renovado varios proyectos de impacto en el Casco Antiguo; entre ellos dos hoteles boutique que se han convertido en edificaciones emblemáticas del área, un restaurante, pero también apartamentos asequibles para locales del barrio, talleres de ebanistería y espacios subsidiados para organizaciones artísticas. Además, desde Conservatorio se desarrolló un programa de intervención e integración social para pandillas, llamado Esperanza San Felipe.

“Esperanza [San Felipe] nació como respuesta a la problemática de violencia de las pandillas en el Casco Antiguo, tras haber entendido que la única solución sostenible para este asunto radica en encontrar formas de (re) integrar a estos jóvenes en la sociedad”, señala Hardin.

Hasta el momento, el programa ha llevado a cabo intervenciones con pandillas del Casco Antiguo, tocando un poco más de 100 vidas de jóvenes, y aunque Hardin explica que no tienen planes de salir y convertirse en una organización multinacional, sí quisieran compartir experiencias y buenas prácticas, esperando inspirar otras organizaciones a replicar el modelo.

Las preocupaciones sobre sostenibilidad de Conservatorio son tan arraigadas que la empresa diseñó, a través de su subsidiaria Conservatorio de Innovación Urbana, una metodología interna propia que nombró “Sistema C”. El propósito de esta subsidiaria, afiliada a Ciudad del Saber, es la investigación y el desarrollo para identificar métodos y mecanismos en pro de la revitalización urbana sostenible. La companía cree en el valor y el impacto positivo de los espacios urbanos enfocados en el ser humano y espera que las lecciones aprendidas en la compañía puedan ser útiles más allá de Panamá.

“Nos percatamos que Ciudad del Saber provee la plataforma ideal para, justamente, alojar una compañía de investigación, desarrollo y consultoría como nuestra subsidiaria, que pudiera compartir conocimiento y proveer servicios de asesoría a otras empresas en la región que quisieran replicar lo que estamos haciendo”, comentó.

“En términos de inversión en investigación y desarrollo (I+D), la industria inmobiliaria es un dinosaurio: en promedio se invierte solo el 1% en I+D y por ende, no es una industria que pueda transformarse fácil o ágilmente. Pero para nosotros en Conservatorio es vital invertir de manera importante en este rubro y hacerlo junto a otras compañías de la región. En ese sentido, Ciudad del Saber nos facilita el acceso y proporciona el ecosistema adecuado para interactuar con otras empresas con ideas afines a las nuestras”, concluye.

Hardin confía en que otras empresas en Panamá continuarán interesándose en seguir el camino de una nueva forma de hacer negocios y se muestra optimista con relación a la toma de conciencia del papel crítico que tiene el sector privado, particularmente aquellas empresas con visión, capital y actitud solidaria para el desarrollo del país.

“He visitado muchos países, pero encuentro que Panamá tiene una característica especial: aquí, de manera natural, las personas tienden a llevarse bien y creo que esto nunca debe tomarse a la ligera ni darse por sentado. Como seres humanos no podemos perder la empatía: necesitamos recorrer las mismas calles juntos y reconocer que estamos aquí el uno para el otro”, explica Hardin con convencimiento.

“Somos como granjeros: vivimos, trabajamos e invertimos en una sola área geográfica. Cualquiera buena acción que hagamos en pro de la comunidad, nos retribuye de forma positiva. De igual forma, cualquier impacto negativo regresa en detrimento nuestro. Al final del día, nuestros clientes y nuestra comunidad son uno solo, y en ese sentido el camino a seguir, para nosotros, es simple”.

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