Por: Alejandro Balaguer Imágenes: Alejandro Balaguer / Fundación Albatros

Cambio climático, la gran encrucijada

Sostenibilidad

Por: Alejandro Balaguer
Imágenes: Alejandro Balaguer / Fundación Albatros

Son muchas las voces que llaman a un cambio de paradigma en nuestra forma de producir y consumir energía. La implementación de fuentes de energía renovables ha comenzado a multiplicarse como una respuesta a los efectos del feroz calentamiento global y de los eventos climáticos asociados al consumo excesivo de combustibles fósiles. De esa forma, sería posible reducir los efectos negativos del clima gracias a las alternativas que nos ofrece gratuitamente la madre naturaleza para cuidar a la humanidad y al planeta.

Tiempos de deshielo

Témpanos azulinos de hielo flotan sobre un mar tempestuoso y son llevados por las corrientes y las fuertes ráfagas de viento hacia un final inexorable en las aguas del cabo de Hornos, en la Patagonia chilena. A medida que navegamos entre ordos coronados de campos de hielo, los glaciares se convierten en agua y van agonizando por los efectos del calentamiento global.

Los glaciares están dando la voz de alerta. Farallones de hielo se desploman con un sonido estremecedor propio de un gigante de hielo milenario que se retrae y se desploma resquebrajándose. Miles de témpanos de agua pura flotan a la deriva. Su destino es ser parte del mar. Ante la inevitable inundación, producto del elevamiento de las aguas del planeta por el derretimiento, se estima que millones de personas tendrán que migrar de las áreas costeras.

Los glaciares son una especie de termómetro que reacciona ante la temperatura atmosférica en ascenso. Se derrumban y sufren un retroceso acelerado que ha sorprendido a la ciencia, ya que está sucediendo más rápido que lo pronosticado. La crisis climática causada por el consumo insostenible de combustibles fósiles ha dejado la certeza absoluta de que el cambio climático está produciendo no solo un aumento de la temperatura y una elevación del nivel del mar, sino también una mayor intensidad y frecuencia de fenómenos catastróficos.

«Nuestro equipo de científicos ha estado midiendo a través de imágenes satelitales el retroceso de glaciares en ocho sectores de la Patagonia, y, en promedio, los glaciares patagónicos han retrocedido en los últimos 20 años entre un 15 y un 20%; algunos de ellos han superado el 20% de velocidad de retracción. Dadas las condiciones de temperaturas que estamos viviendo en estos momentos, ello implica que en 100 años ese glaciar va a desaparecer totalmente», nos dice Ricardo Villalba, Director del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales.

Para Villalba, la desglaciación es la alarma a nivel mundial que nos dice que estamos viviendo un calentamiento que no es natural, que es causado por los niveles exagerados de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), debidas a las actividades humanas cotidianas e industriales. Estos gases, como dióxido de carbono, metano, óxidos de nitrógeno, ozono y otros, calientan la atmósfera al retener los rayos solares.

Los efectos del clima

Inundaciones feroces en áreas costeras e insulares, la elevación del nivel del océano, el ingreso del mar a los sistemas acuíferos disponibles con riesgo de salinizarlos, son noticias que empiezan a verse de manera reiterada en los medios a lo largo y ancho del mundo.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) alerta que más tormentas tropicales y ciclones se intensificarían a medida que suba la temperatura del mar. Grandes extensiones de arrecifes coralinos, que actúan como «salas de maternidad» de especies marinas dando sustento a millones de bocas y son barreras contra el oleaje, podrían colapsar, como se ha podido comprobar en sucesivos fenómenos de El Niño. A medida que el cambio climático aumente, se radicalizaría también la desertificación, seguida de lluvias tormentosas, potentes y cortas, con efectos destructivos para los suelos y las actividades agropecuarias.

En tanto, un éxodo inminente se avecina para varias islas en la sección oriental del mar Caribe panameño.

Islas efímeras

Desde el cielo, un mar calmo, turquesa y somero se ve salpicado por islas e isletas; el archipiélago de Guna Yala, comarca de la etnia Guna, se extiende a lo largo de 200 kilómetros de costa.

El paisaje marino presenta un intrincado y extenso sistema arrecifal con sucesiones de formaciones coralinas, una evidente barrera de contención ante el aumento creciente del nivel del mar, y manglares, captadores de emisiones de dióxido de carbono que ayudan a contener la fuerza del oleaje.

A pesar de contar con estos dos ecosistemas estratégicos, el estilo de vida en más de 360 islas que conforman el archipiélago se ve amenazado extraordinariamente, ya que están en riesgo de desaparecer bajo el agua. Para los gunas, que han vivido en el archipiélago durante siglos, en los últimos tiempos la intrusión del oleaje en sus islas se ha vuelto imparable.

Inickilipi Chiari, Presidente del Congreso de la Juventud de la Comarca Guna Yala, está convencido de que dentro de 20 ó 30 años las islas de la comarca Guna Yala van a estar bajo el agua por el cambio climático, y que la migración hacia el continente es inevitable.

«Hoy, mi pueblo está planeando mudarse a tierra firme», nos dice. Algunas comunidades ya han tomado la iniciativa. No ha sido fácil para los indígenas, porque la mitad de la comunidad no está a favor de la idea de dejar atrás su vida. Para Chiari, «a largo plazo, todas las comunidades se van a mudar. Habrá un cambio drástico en la cultura y en la vida diaria de nosotros. Es injusto».

El joven indígena está en lo cierto. Su pueblo no está causando las emisiones de combustibles fósiles, pero son los primeros en recibir el impacto causado por el consumo de otros.

«Nos vamos adaptando ante los hechos. Por ejemplo, uno de los métodos de adaptación que aprendí de mi abuela es rellenar la orilla con troncos y diversos materiales que trae la corriente; hoy en día, hay muchas casas construidas en esos sitios que [ella] rellenó con sus propias manos.

Allí tenemos una estrategia sencilla y eficiente de adaptación al cambio climático», dice.

El mensaje del joven líder es comprensible: «Hay que seguir conviviendo con la naturaleza con el menor impacto posible, para lo cual el mundo debe frenar las emisiones de dióxido de carbono. Y, claro, adaptarse permanentemente».

«El cambio climático es el tema más preocupante para los jóvenes de todo el mundo», dice Vishnu Swaminathan, emprendedor socioambiental reconocido mundialmente, experto en viviendas energéticamente asequibles y en economías emergentes. «Casi la mitad [48,8%] de los participantes [en una reciente encuesta] eligieron el cambio climático como su principal preocupación y el 78,1% dijo que estaría dispuesto a cambiar su estilo de vida para proteger el medio ambiente», agrega.

«Desde la década de 1960, más de la mitad de los bosques tropicales del mundo han sido destruidos a nivel mundial. Más del 20% de todas las emisiones de carbono provienen de la deforestación, el uso insostenible, la pobreza rural y la creación de espacios para la ganadería», señala Swaminathan.

ONU alerta

El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), una iniciativa de las Naciones Unidas que elabora informes sobre los efectos del clima cambiante, ha concluido en el 2018 que los impactos y respuestas del cambio climático se relacionan estrechamente con el desarrollo sostenible que equilibra el bienestar social, la prosperidad económica y la protección del medio ambiente.

«Se estima que las actividades humanas han causado aproximadamente 1,0 °C del calentamiento global arriba de niveles preindustriales (…). El calentamiento global es probable que alcance 1,5 °C entre 2030 y 2050 si continúa aumentando al ritmo actual (…), y las emisiones antropogénicas desde el periodo preindustrial (desde antes de la Revolución Industrial) hasta el presente persistirán durante siglos a milenios y continuarán “causando más cambios a largo plazo en el sistema climático, como el aumento del nivel del mar, con impactos asociados», dice el informe.

El “Panel” propone algunas medidas potenciales para la reducción de emisión de carbono que “incluyen la forestación y reforestación, la restauración de tierras y el secuestro de carbono en el suelo, captura y almacenamiento directo de carbono en el aire, mejoramiento de la intemperie y alcalinización del océano».

Otro de los grandes retos será manejar de manera correcta y responsable la producción energética renovable. Es que la madre naturaleza nos ofrece una gama de oportunidades energéticas para dar un giro positivo, satisfacer las necesidades humanas y restaurar el equilibrio del clima en la Tierra. Las esperanzas se depositan en una serie de alternativas de energías amigables con el medio ambiente que, actuando en conjunto, podrían alejarnos de las crisis actuales.

Ciudades sustentables

Desde la Revolución Industrial, el ser humano inició la utilización extensiva de combustibles fósiles, pero su uso fue tan grande que el planeta reaccionó ante el peso del desarrollo que se le impuso, lo que ha llevado, en un marco actual de cambio climático repotenciado, a impulsar nuevos modelos de consumo, tecnología y producción energética.

“Desde siempre necesitamos energía, pero con la concentración de las poblaciones se multiplicó la demanda que, sumada a nuestro estilo de vida consumidor de energía, nos ha llevado a excesos. Se suman las mega-ciudades que son una concentración de demandas y por lo tanto de necesidades y de problemas que se generan en una sociedad, sobre todo la actual, caracterizada por el consumo energético extremo”, dice Jorge Arosemena, Presidente Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber, Panamá.

“Debemos generar espacios que permitan una vida comunitaria de bajo consumo. Y a los jóvenes hay que ir educándolos, formándolos en un nuevo concepto. Sin embargo, no es fácil porque vivimos en una sociedad que está empujándonos a consumir, lo que supone demandas inmensas de energía para producir una serie de bienes. Ahora, tenemos que ir hacia fórmulas de consciencia colectiva. Yo siento que hay espacio para el optimismo porque hay nuevas tecnologías y fuentes de energía, pero suponen la voluntad de todos para incorporarlas”, concluye Arosemena.

Rodrigo Noriega, doctor en Derecho Internacional Ambiental de la Universidad de Yale (USA), coincide con Arosemena en que el factor clave en la búsqueda de una e ciencia energética es la educación; “y, por supuesto, también los temas de planificación municipal, de ordenamiento territorial, y los servicios de energía alineados a los esfuerzos de gestión ambiental. Hoy, tenemos muchas fuentes ambientalmente sostenibles
de cogeneración de energía, pero si tengo la motivación, información y consciencia, entonces tengo más capacidad de cambiar mi excesivo patrón de consumo. La humanidad debe fortalecer el concepto de ciudades responsables de la energía. Yo creo que son tareas fundamentales para las sociedades del futuro. Y un ejemplo de ello es la ciudad de Medellín”,
dice Noriega.

Varias cabinas colgantes montadas en resistentes cables del teleférico van y vienen transportando gente. Se destacan en las estribaciones andinas del valle donde se asienta la remozada ciudad de Medellín. Hemos llegado a esta bella ciudad colombiana que se ha convertido en un ícono entre las urbes sustentables. Medellín era una ciudad con un estándar de violencia muy alto en la década de 1990, hasta la disolución de las grandes bandas de narcotráfico. En ese momento, se tomó la decisión de cambiar su diseño y hacer de ella una ciudad sustentable que propusiera un nuevo modelo en la forma de consumir energía, con espacios verdes recreativos interconectados por transporte público e ciente. Uno de los temas estratégicos consistió en tomar los sistemas de transporte como puntos multimodales para agrupar alrededor de ellos grandes equipamientos, espacios públicos, puntos de encuentro, y, así, también reducir el consumo energético.

«En gran parte, esa transformación fue lográndose al recuperar los espacios públicos, al invertir en temas ambientales y culturales, al rehabilitar espacios verdes en las zonas urbanas, al permitir a la gente usar el transporte colectivo, al tener acceso a huertos comunitarios, a toda una serie de iniciativas ambientales, sociales, culturales, científicas que recuperaron la ciudad sin necesidad de una dictadura. La recuperaron mayormente con cultura, con protección ambiental y e ciencia en el transporte público», nos cuenta Noriega.

Impresionantes nubes blancas corren raudas por el cielo azul añil y se pierden tras la línea de montañas. «Con el teleférico pudimos lograr un acercamiento a las zonas urbanizadas, así como su integración. Y a estos lugares donde llegaron el transporte y las nuevas centralizaciones barriales les ofrecimos sistemas habitacionales con eco tecnologías solares para [tener], adicionalmente, viviendas energéticamente e cientes», nos dice el arquitecto Carlos Mauricio Bedoya del Colegio Mayor de Antioquia.

«¿Cuál es el fin de una ciudad sustentable?», dice Natalia Green. «Primero, es tener ciudades descentralizadas. No podemos tener ciudades ineficientes donde tienes que demorarte tres horas para llegar a tu lugar de trabajo. Tenemos que ir fomentando cada vez más ciudades verdes, ciudades pequeñas. No ciudades metrópolis, que ya tenemos, sino pequeñas ciudades sostenibles donde tengas tu trabajo, donde tengas tu escuela, donde no tengas que transportarte tanto, donde incluyas el reciclaje como una medida transversal, donde puedas abastecerte en un solo lugar, y así disminuir la huella de carbono», concluye la ecóloga.

Así como las ciudades necesitan de una transformación, el cuidado y la restauración de ecosistemas impactados —como cuencas, bosques, humedales y arrecifes de corales— es crucial, y la reconexión de la humanidad con la naturaleza es fundamental por los servicios ambientales que brindan. La restauración eco-sistémica revierte el proceso de degradación y conserva la biodiversidad.

La restauración forestal busca compensar los daños y mejorar la funcionalidad de los paisajes naturales que proporcionan servicios básicos para la humanidad.

El hecho es que los ecosistemas son barreras naturales para contener algunos tipos de virus y potenciales epidemias. Pero alteramos los ecosistemas y sacudimos los virus de sus anfitriones naturales, y estos se ven obligados a cambiar de anfitrión; muchas veces esos anfitriones somos nosotros, los humanos.

En tiempos de la pandemia del coronavirus COVID-19, millones de personas han aprendido a valorar más los avances de la ciencia y los beneficios que brinda la tecnología y a soportar mejor las incomodidades de las cuarentenas obligatorias. Sin la disponibilidad de energía, difícilmente podríamos haber accedido al tele-trabajo, tele-educación o tele- comercio, es decir, vivir distanciados.

Hoy, la búsqueda de nuevos recursos energéticos que le quiten presión al planeta ha llevado a buscar energía en fuentes no tradicionales y valorar los ecosistemas que brindan servicios ambientales para asegurar alimentos, agua, energía limpia y salud.

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