Gabrielle Britton y Amador Goodridge tienen en común el amor por la ciencia y una genuina admiración mutua a nivel profesional y personal. Estos científicos panameños son unos convencidos de la importancia de visibilizar y desarrollar la ciencia en el país y de invertir en ella como vehículo clave para el mejoramiento de la calidad de vida de las personas.

Ambos investigadores han dedicado sus esfuerzos al servicio de la ciencia en Panamá: Britton es doctora en Neurociencia y Psicología, encabeza el Centro de Neurociencias del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (INDICASAT AIP) con sede en Ciudad del Saber e investiga sobre el envejecimiento a la vez que dirige el programa Panama Aging Research Initiative (PARI), una investigación de cohorte dirigida a la búsqueda de marcadores biológicos que faciliten el diagnóstico temprano del deterioro cognitivo asociado a la edad, con un enfoque especial en la enfermedad de Alzheimer.

Goodridge, por su parte, es investigador con doctorado en enfermedades infecciosas e inmunidad, en INDICASAT AIP, donde estudia el diagnóstico, tratamiento y prevención de la tuberculosis. Es Vicepresidente del Mecanismo Coordinador de Panamá para el VIH y Tuberculosis. A través del estudio de biomarcadores de tuberculosis, Goodridge enfoca sus esfuerzos en combatir enfermedades y contribuir a mejorar la salud humana y animal en Panamá, partiendo por conocer a fondo dónde se encuentran y quiénes la padecen.

Esta entrevista es una conversación entre colegas. Es Britton quien entrevista a Goodridge, haciendo un recorrido sobre su trayectoria profesional, reflexionando sobre el desarrollo de la ciencia en Panamá y analizando el reto de la tuberculosis en un país como el nuestro, donde aunque hemos tenido importantes avances como nación todavía padecemos de enfermedades propias de las sociedades menos desarrolladas del mundo.

Gabrielle Britton: Amador, han pasado muchos años desde que nos conocemos y empezamos a trabajar juntos. Quisiera empezar haciendo un recuento sobre tu trayectoria científica, tu ingreso en INDICASAT y cómo esto llevó al trabajo que haces ahora.

Amador Goodridge: Gabrielle, qué gusto conversar contigo. Ya desde mis estudios de licenciatura en la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá tuve contacto con varios profesores que me motivaron a continuar en el área científica. Desde allí empecé a valorar lo que significa hacer ciencia en nuestro país y en cómo la ciencia puede ser el vehículo de ingreso al país de nuevos métodos, todo para el mejoramiento de la salud pública.

Luego, cuando obtuve una beca para internado en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) durante mi trabajo de tesis de maestría, tuve la suerte de establecer contacto con un círculo internacional de investigadores más amplio, donde se desarrolla la ciencia. Desde aquí nació en mí una inquietud de preguntarme por qué otros lugares en Panamá no tenían espacios similares de investigación científica.

Todo fue conectando de alguna forma. Más adelante, en 2002, fui invitado a formar parte del equipo que trabajó e inauguró un proyecto impulsado por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT) que en ese entonces
eran los Laboratorios INDICASAT, lo cual fue para mí un orgullo: Panamá finalmente tenía su propio instituto de investigación, donde estudiantes pueden venir a desarrollar sus tesis o bien, trabajar en problemáticas de envergadura nacional.

Gabrielle: Más o menos para esa época nuestros caminos se cruzaron, ¿recuerdas? Cuando fuiste a estudiar tu doctorado en Estados Unidos, yo justamente regresaba a Panamá, y poco después me tocó ser Directora Encargada de INDICASAT […] Recuerdo que trabajamos juntos en tu transición de vuelta al país, porque necesitábamos personas dispuestas a regresar a trabajar en problemas prioritarios para Panamá. De hecho, volviste y empezaste a trabajar en tuberculosis. ¿Qué te llevó aelloyporquétehas enfocado principalmente en la provincia de Colón?

Amador: El foco de mis estudios de doctorado fue la tuberculosis y mi norte siempre fue regresar y poder ayudar al país. INDICASAT proveyó justamente el enlace que yo necesitaba con lo que estaba ocurriendo en Panamá. […] Mi interés en tuberculosis como línea de investigación, de hecho, ya venía de mi experiencia previa en INDICASAT, donde ya había logrado conseguir algunos financiamientos internacionales para entender la dinámica de la bacteria en varios países, incluyendo Panamá. Pero fue curiosamente estando fuera del país que empecé a investigar más profundamente sobre la realidad de la enfermedad en Panamá y me encontré con situaciones gravísimas no solo en áreas rurales como las comarcas, sino también en áreas urbanas. Por eso me decidí a atacar este tema de primera línea a mi regreso. Aunque tuve algunos profesores que me alentaban a trabajar en descubrir el mecanismo de patogénesis bacteriana, desde Estados Unidos, yo siempre tuve claro regresar para aportar, como investigador, a resolver esta situación.

Gabrielle: Realmente necesitábamos que volvieras. Efectivamente, a pesar de que como país hemos pasado por una transición epidemiológica donde la mayoría de las enfermedades que nos afectan no son infecciosas, sino crónicas, la tuberculosis sigue siendo una deuda pendiente. Especialmente porque está estrechamente vinculada al nivel socioeconómico, lo cual caracteriza a las desigualdades de nuestros países. ¿Crees que estamos avanzado en ese sentido? ¿Estamos logrando mayor igualdad entre salud y nivel socioeconómico?

Amador: En 2011 cuando regresé a Panamá, la situación de la tuberculosis era compleja en varias dimensiones: primero, tenemos el componente social, la desigualdad, lo que significa que los más vulnerables son los más afectados. Por otro lado, existe una dinámica social de migraciones de las personas de las áreas rurales a las áreas urbanas, así como migraciones de otros países. No es siempre el caso, pero en muchas ocasiones, esta es una causa de pobreza urbana porque las personas que arriban a las ciudades, al no tener los recursos o bien por desconocimiento, no cuidan bien su salud o no pueden acceder a servicios de salud. La otra dimensión del problema era, en ese momento, que el sistema de salud no podía hacer un adecuado trabajo de diagnóstico, la metodología existente estaba muy desfasada, lo cual hacía que el manejo de la tuberculosis fuese muy complicado. Ante este contexto, finalmente, como investigador yo me hacía la pregunta: ¿qué investigar en toda esta situación?

Gabrielle: Cierto. Tu trabajo investigativo tiene esa particularidad: trabajas a nivel clínico aplicado, pero también en mecanismos de investigaciones básicas; una especie de multitasking en ciencia, lo cual es inusual…

Amador: La realidad de la situación de tuberculosis en Panamá lo requería. Yo no me oriento en una sola línea aplicada, porque nuestro país necesita de todo: por un lado había que hacer evaluaciones para respuesta inmediata aplicada, pero también estudios profundos para aportar información básica sobre cómo opera esta enfermedad. Frente a la realidad de la tuberculosis en Panamá con la que yo me encontré en 2011-2012, me dije con preocupación: “esto hay que cambiarlo de alguna forma”.

De hecho tuvimos que trabajar fuertemente en educación pública, pues existía una percepción de que la tuberculosis no era un problema en Panamá, que se había erradicado; hicimos esfuerzos de comunicar a las personas que si presentan síntomas o sospechan de la enfermedad, deben acercarse a los centros para que se les pueda diagnosticar y tratar correctamente. También está el tema del estigma y desconocimiento alrededor de la enfermedad; por ejemplo, una empresa tal vez quiera alinear o despedir a un colaborador con tuberculosis, pero la realidad es que una vez que una persona inicia su tratamiento con antibiótico, esta deja de ser contagiosa. Además tiene cura, hay medicamentos especializados en Panamá y todos pueden sobrevivir y volver a su vida normal.

Es decir, yo sabía que quizá no se pueda cambiar las condiciones de vida de las personas de un día para otro, pero a nivel de país, sí podíamos empezar a incidir de inmediato en mejorar la respuesta del sector salud y diagnósticos. En ese sentido, hemos trabajado con el Ministerio de Salud y logrado apoyo internacional, atrayendo fondos de país para mejorar aspectos muy necesarios como compra de equipos, compra de medicamentos y entrenamiento de personal para mejorar el diagnóstico y manejo de la tuberculosis.

Gabrielle: Ahora que mencionas entrenamiento de personal, he notado que trabajas con mucha gente joven y muchas mujeres, grupos que a pesar de estar subrepresentados en la ciencia, están sobrerepresentados en tus equipos de trabajo. ¿Haces esto a propósito?

Amador: Sin duda no es una coincidencia. Pienso que el país tiene que fortalecerse con mayor equidad y diversidad en los equipos, no solo de ciencia en general, pero en materia de respuesta a la tuberculosis. Estoy convencido que las mujeres tienen la capacidad de armonizar lo que hacemos y estamos tratando de llevar adelante, por eso tratamos de ayudarlas a proyectarse y darle continuidad a su trayectoria de desarrollo profesional; me hace muy feliz decir que tenemos estudiantes investigadoras que han ido a estudiar a las mejores universidades del mundo, con el apoyo de SENACYT.

Gabrielle: Esto es clave: lo que yo llamo relevo generacional, capacitar a personas jóvenes para que tengamos una masa crítica de científicos en el futuro, que se capaciten y, como tú hiciste, regresen y puedan continuar desarrollando el programa que has puesto en marcha. ¿Qué consejo puntual le darías a una persona joven estudiante que quiere ser científico/a?

Amador: Les diría que se tomen el tiempo de conocer su país: antes de ir a estudiar afuera, vayan a los diferentes institutos de investigación, universidades, centros de investigación afiliados a ellas; así podrán conocer y valorar de viva voz lo que hacen los investigadores, qué está pasando actualmente y qué necesita el país en materia de investigación y ciencia.

¿Sabías, por ejemplo, que cerca de Pedasí, en la provincia de Los Santos, existe el laboratorio del Centro Internacional del Atún Tropical, donde desde hace muchos años se trabaja en cerrar el ciclo de reproducción del atún de aleta amarilla? Este es un logro científico que se vende desde Panamá para el mundo. Ver cosas así te recuerdan que en nuestro país se puede, que aquí sí se hace ciencia.

Les diría también que visiten Ciudad del Saber (CdS), por ejemplo, donde se aglomeran múltiples organizaciones que hacen docencia, investigación, innovación, emprendimiento, todo esto hay que conocerlo.

Gabrielle: Coincido contigo. Ciudad del Saber, por ejemplo, ha sido un proyecto inédito, no solo en la región sino en el hemisferio: un lugar académico, científico, de innovación, un hogar para ONGs. ¿Qué rol le ves a un espacio como este en visibilizar y popularizar la ciencia?

Amador: Yo estoy fascinado en CdS. Es un conglomerado que atrae gentes de diferentes áreas de conocimiento y esta mezcla de organizaciones y de mentes me han permitido expandir mi visión de lo que la ciencia puede lograr en nuestro país. Creo que si estuviera en un instituto localizado en otro lugar que no me permitiera este tipo de interacción, terminaría por desanimarme; ¡creo que me sentiría solo!

Aquí hay un entorno neutral para intercambiar ideas y discusiones de una forma abierta sobre diversos temas; y sobre todo, estar aquí te permite una proyección que llamamos glocal: es decir, nos estamos proyectando en nuestro entorno local en Panamá, pero aquí también inciden agencias internacionales que nos ponen en contacto global con organismos de otras partes del mundo.

Además, Ciudad del Saber te apoya y acompaña en ideas innovadoras. Recordarás que con su apoyo empezamos hace unos años, por ejemplo, un proyecto sobre divulgación científica, a raíz del cual surgió un movimiento de popularización de ciencia que se conoce hoy en día como ‘Ciencia en Panamá.’

Gracias a este movimiento, tenemos científicos que se han articulado a nivel nacional para apoyar  la toma de decisiones basadas en evidencia. Por ejemplo, este año se pudo celebrar en Panamá, justamente en CdS, un congreso fabuloso de la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología en América Latina y el Caribe (RedPOP). Nada de esto habría sido posible hacerlo solos sin el apoyo de CdS.

Gabrielle: Hablemos del panorama científico del país. Tú y yo trabajamos en ciencias de la salud, con seres humanos y estudiando enfermedades específicas que necesitan mucho trabajo a nivel de diagnóstico. ¿Cuáles crees tú que son esos retos que tenemos como científicos en cuanto a la visión de país? ¿Dónde estamos y qué nos falta para llegar donde queremos llegar?

Amador: Esa pregunta tiene muchas respuestas, Gabrielle. Mira, yo pienso que Panamá ha avanzado mucho en lo que a ciencia se refiere: tenemos elementos importantes y necesarios para que se articule en Panamá un ecosistema de ciencia como legislación apropiada para las convocatorias de investigación científicas, generación de capacidades, jóvenes científicos, innovación empresarial para el sistema nacional de investigadores, la ley de investigación de salud y se han hecho ejercicios interesantes como INDICASAT y las otras asociaciones de interés público-privado que lleva adelante SENACYT, etc.

El tema es que este ecosistema necesita recursos y actualmente nuestra inversión en ciencia no llega ni al promedio regional. Ese nivel de inversión es insuficiente para resolver los problemas nacionales. Creo que necesitamos una inversión que pueda atacar varios componentes:

Por un lado, es necesario invertir en institutos de investigación: ya tenemos varias iniciativas en esta dimensión como el Instituto de Investigación Agropecuaria de Panamá (IDIAP), el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud y varias universidades a nivel nacional. Hay que fortalecer la educación de futuras generaciones para que se inspiren y puedan estudiar y desarrollarse como científicos.

Por otro lado, pienso que urge un fuerte brazo económico que permita incluir como profesores en las universidades a investigadores científicos de calibre que están llegando a Panamá después de sus doctorados. En otras palabras, iniciar el reemplazo programado de profesores con los nuevos apasionados de la ciencia, para que en estas instituciones se desarrollen centros de investigación y laboratorios donde se pueda estimular las nuevas generaciones de profesionales que puedan generar conocimientos. La idea es inyectar científicos en los ambientes universitarios para que los estudiantes puedan practicar y aprender de ellos.

Finalmente, hay que invertir para que la ciencia tenga un rol más participativo en la toma de decisiones del país. Aquí pienso que tenemos que hacer un mayor trabajo de acercar las empresas, la clase política y la ciencia. Crear los espacios necesarios para que estos tres actores intercambien y generen nuevas estrategias para sacar a nuestro país adelante.

Gabrielle: Eso es cierto. ¿Por qué no incluir investigadores y científicos en los ministerios para poder aportar a los planes y a las políticas de país, por ejemplo? Yo agregaría otro reto, Amador: la gestión de la ciencia. Debemos mejorar los sistemas de gobernanza, ¿cómo se toman decisiones?, ¿dónde están las prioridades?

Tu carrera no ha terminado, Amador, y me pregunto: ¿ahora qué? ¿Qué es lo que te falta por hacer? ¿Cómo proyectas tu programa de investigación y tu proyecto de vida?

Amador: He estado meditando mucho hacia dónde vamos y siempre caigo en la misma idea: todavía no hemos resuelto el problema de la tuberculosis en Panamá, si bien hemos entendido varios temas alrededor de esta enfermedad. Para mí, queda más por hacer en cuanto a implementar estrategias para fortalecer su erradicación.

Esto implica que debemos entrar en estudios más complejos. Hay que estudiar la tuberculosis en niños. Hemos observado tuberculosis congénita, por ejemplo. También las razones intrínsecas que permiten las altas tasas de tuberculosis en las comarcas (desde el punto de vista biológico pero también social). Por otra parte se deben realizar estudios de vacunas: debemos empezar a probar las nuevas vacunas contra la tuberculosis, hacer investigaciones sobre los nuevos medicamentos aprobados para la tuberculosis y además, empezar a realizar estudios científicos que involucran la participación de la sociedad. Necesitamos atraer un esfuerzo de la ciudadanía para controlar la enfermedad, un esfuerzo similar al de organizaciones como Viviendo Positivamente, Probisida, HMNP, APPT, MDDP, etc.  Muy probablemente, debemos reactivar la Organización Panameña AntiTuberculosis (OPAT) con las nuevas estrategias tecnológicas y de participación ciudadana.

Nuestro rol aquí sería traducir y brindar información, con los elementos científicos que tenemos, a la sociedad y que ellos puedan ser agentes también para poder erradicar esta enfermedad. Eso no lo he logrado y quisiera hacerlo en los próximos años.

Gabrielle: No me cabe duda de que podrás. Gracias por conversar conmigo, Amador, ¡que se repita!

[…] hay que invertir para que la ciencia tenga un rol más participativo en la toma de decisiones del país. Aquí pienso que tenemos que hacer un mayor trabajo de acercar las empresas, la clase política y la ciencia. Crear los espacios necesarios para que estos tres actores intercambien y generen nuevas estrategias para sacar a nuestro país adelante.

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