Cartoon Network busca talentos jóvenes en la región

Formación

Mundos de aventura, relatos fantásticos e historias de amor se vienen contando desde inicios del siglo XX a través de dibujos animados. Estos nacieron de la mano del frances Émile Cohl, y su creación Fantasmagorie. Veinte años despues, Mickey Mouse cambió la forma en la que los niños – y no tan niños- descubren el mundo.

Hoy, las fantasías desbordantes y esas altas dosis de imaginación que caracterizan a los animadores, han elevado a estos dibujos a la categoría de arte. En sus producciones, sólidos personajes atraviesan por situaciones que obvian las leyes de la física: puede suceder cualquier cosa y, sin embargo, todo mantiene su sentido. Los dibujos animados tienen la capacidad de materializar los imaginarios más irracionales de sus creadores.

Este arte que ha sido liderado desde Estados Unidos, se abre paso en la región latinoamericana, consolidándose como una Industria Creativa en potencia que demanda impulsar el talento local. 

Conversamos con Jaime Jiménez, Director de Contenidos de Cartoon Network para México, Colombia y Centroamérica: un apasionado por los personajes y las historias, que nos cuenta cómo los talentos jóvenes de nuestra región pueden entrar en el mundo de la animación.

Jaime fue invitado por la Escuela Isthmus y el estudio de animación ZincoTools para dictar la conferencia “Cómo presentar proyectos de animación a cadenas internacionales”. El evento fue organizado por el Cluster de Animación Digital de CAPATEC y Occident Animation Studio, y contó con el apoyo de Ciudad del Saber. La presentación tuvo como objetivo motivar a los creadores panameños a generar contenidos de animación de calidad para fortalecer la industria local y acceder a cadenas internacionales líderes en este mercado.

Un mito instalado en nuestras cabezas: los dibujos, cosa de niños. ¿Qué opina?

Para nada. El ser humano vive por las historias. Aparte de las necesidades básicas, todos buscamos satisfacer la curiosidad, afrontar retos intelectuales y aprender a través del entretenimiento. Dibujar es algo que se ha hecho desde el principio de los tiempos, obviamente de formas menos sofisticadas, pero sin duda, el contar historias siempre ha estado presente.

La animación es una de tantas formas de contar esas historias, es un medio en el que la imaginación tiene menos límites. Te permite explorar mundos que ni siquiera conoces e interactuar con personajes que no existen. Creo que esa es la belleza, que además de ser un arte, las posibilidades de contar historias son mayores y por eso conecta con públicos de todas las edades.

Historias, se cuentan muchas… ¿cuál es la clave para que éstas nos atrapen? 

Entran en juego varios elementos. Primero, que los personajes tengan alma. El artista debe hablar de ellos como si fueran miembros de su familia. Hay proyectos que desde la primera vez que los escuchas, te enganchan, porque son historias en las que vibra la esencia personal del creador. Se siente cuando las ideas son vacías y genéricas por eso es importante distinguir entre inspiración y reinterpretación. Una cosa es extraer elementos ya existentes e inspirarte en ellos para crear una idea disruptiva; y otra, es hacer una reinterpretación vaga de algo que ya ha sido contado.

Segundo, saber a quién le cuentas tu historia. Ningún artista sabe lo que su público quiere específicamente, de lo contrario los proyectos no serían apuestas. Sin embargo, la gente necesita que tú les digas qué quiere, que tú le muestres qué tipo de contenidos quiere consumir. Para lograrlo, tienes que saber qué les despierta curiosidad y qué les mueve las entrañas.

Tercero, romper paradigmas y pensar “out of the box”. Se trata de identificar la oferta de contenido actual y en lugar de decir: “voy a hacer lo mismo”, encontrar un ángulo inexplorado.

Por último y no menos obvio, hay un factor de fortuna: encontrar la apuesta correcta, en el momento correcto. Muchas veces puedes tener la misma historia y si la cuentas antes de tiempo, no funciona.

Un contador de historias de animación, ¿nace o se hace?

Ser ilustrador o escritor es como cualquier otro tipo de vocación. Hay niños que desde que nacen nunca sueltan un balón, otros que, desde los primeros años de edad dibujan o cuentan historias. Existe ese tipo de perfil: niños que no pueden salir a la calle sin su blog, porque no saben cuándo les va a llegar la inspiración.

Entonces, diría que en cierto sentido el artista nace, pues es un talento innato que se refleja en cómo destinan su tiempo libre. Pero también se hace, porque requiere profesionalización y método para ir más allá. Es así: si te gusta escribir o dibujar, perfecto pero no te puedes quedar ahí. Tienes que construir la mejor versión de ti mismo, investigando cómo mejoras tu técnica para causar mayor impacto.

¿Qué es lo más importante para que los jóvenes puedan abrirse camino en este sector?

Los más importante es identificar dónde está su pasión. Arte, ilustración, diseño, guion, producción, la animación demanda perfiles muy diversos. Si uno se siente atraido por el sector no es necesario tener la vena artística. Hay otros talentos que son imprescindibles, es como una banda musical que conjuga talentos en varios instrumentos para crear una sola pieza.  

Cada vez hay más escuelas de profesionalización –también en la región-, donde los chicos pueden potenciar sus habilidades. Sin embargo, no es la única ruta, hay talentos empíricos que han utilizado métodos autodidactas y esto no los hace menos capaces.

Es el caso de un chico de 12 años que llegó con su proyecto a los estudios de Guadalajara y dijo “quiero trabajar aquí gratis para aprender”. Después de un par de años su evolución ha sido colosal. Caminos hay muchos, lo importante es tener esa pasión e ímpetu para aprender. En esta industria mucha gente aprende sobre la marcha, es decir ya sentado en la computadora, perfecciona, perfecciona y perfecciona; invierte muchas horas en esto.

Se trata de entonces de profesionalizar una pasión… ¿a qué se enfrentan los jóvenes que eligen hacerlo?

En el arte, la esencia personal del artista va impregnada en su obra, lo que hace que recibir críticas sobre los proyectos requiera tenacidad de su parte. Sin embargo, de eso se trata, de saber que al principio habrá muchas oportunidades de mejora. Es soberbio pensar que la primera vez que entregas un proyecto va a ser perfecto. Este es un camino que implica tocar puertas. Muestras el proyecto, avanzas un poco y a través de “prueba y error”, llegas a un lugar donde te sientes cómodo y puedes tener posibilidades de éxito. ¡Es todo un proceso y requiere resiliencia!

¿Qué pueden aportar los jóvenes latinoamericanos a las grandes cadenas?

Estamos buscando contadores de historias con puntos de vista únicos. La narrativa universal se ha construido de las mismas fuentes de contenido: Hollywood y Estados Unidos. Lo que sale de allí, permea a todos los países, su visión del mundo es predominante. China, India, Gran Bretaña y Francia también son grandes jugadores.

En Latinoamérica hasta ahora solo logramos producir y consumir localmente, por eso la escala y el alcance de los proyectos no es tan grande. Lo que nosotros queremos es que la región tenga talento suficiente, historias relevantes y una visión diferente para aportar la narrativa global. Queremos talentos locales con perspectivas locales, pero que creen historias que puedan viajar y conectar con audiencias de todo el mundo.

¿Cómo Cartoon Network prevé el crecimiento de esos contenidos locales en Latinoamérica?

Nuestro objetivo es que la producción local represente un 15% de la total en el corto plazo. Ese porcentaje esperamos que crezca y que cada vez haya más territorios representados. Ya hemos trabajado con mercados como Brasil, Argentina, México y Chile. Ahora empezaremos a explorar otros territorios más pequeños. Lo que necesitamos es tener producciones más robustas para convertir a Latinoamérica en un referente mundial, en la que los creadores trasciendan con sus historias.

¿Qué importancia cree que tiene el desarrollo de esta industria en Panamá y en la región en general?

Las industrias creativas pueden ser un puente, o aquí en Panamá: “un canal” (risas), para que los países de Latinoamérica construyan desarrollo. Somos países con predominancia de actividades primarias y el tren para las actividades secundarias, ya se fue; entonces hay que saltar a las actividades terciarias, a los servicios y a las industrias creativas. Creo que es un atajo que los países de la región podemos utilizar para subirnos a esta nueva ola de desarrollo, y no sólo con las industrias creativas, también con oferta digital, productos y servicios. Por ahí, hay un camino donde podemos incorporarnos más fácilmente a este juego global.

¿Cuál es el mayor reto para potenciar la animación como una industria que contribuye al desarrollo de la región?

Es un proceso de sensibilización porque las industrias creativas todavía tienen el tabú de que no son negocio y que se hacen por “amor al arte”. Desde esa óptica, los gobiernos de la región lo ven como una herramienta para construir patrimonio cultural y educativo.

Queremos demostrar que, además de eso, también son un negocio. Para que eso suceda necesitamos crear contenido atractivo a nivel mundial y los gobiernos tienen que modernizarse. Si no se convierte en un negocio, estamos condenados a que siempre los proyectos sean subsidiados y eso es insostenible. Es un paradigma que el contenido animado tiene que ser académico y clásico. Hay formas de hacer cultura de formas más disruptivas y en tendencia. Se trata de abrir el filtro y ver cómo podemos conseguir ambos objetivos en conjunto: aportar al desarrollo cultural y entretener para generar recursos.