El saber de la Ciudad: Naturaleza, ambiente y negocios ambientales

Fundación

“Toda la historia es solamente la narración del trabajo de ajuste, y los combates, entre la Naturaleza extrahumana y la Naturaleza humana”
José Martí

El ambiente es el resultado de las intervenciones humanas en la naturaleza, mediante procesos de trabajo socialmente organizados. En otras palabras, el ambiente es producido por los seres humanos mediante el trabajo necesario para transformar los elementos naturales en recursos que pasan a formar parte de todo otro proceso de producción y consumo de bienes y de servicios. Y esto incluye, por supuesto, la producción y disposición de los desechos sólidos, líquidos y gaseosos que resultan de tales procesos.

Hoy, la humanidad encara un proceso de creciente deterioro de la biosfera asociado a la demanda de recursos naturales y la producción de desechos generadas a escala planetaria por el incremento sostenido del crecimiento económico y demográfico de mediados del siglo XX a nuestros días. El curso de ese proceso ha tenido graves efectos ambientales. Tres de ellos son especialmente graves: la vasta destrucción de ecosistemas que proporcionan servicios indispensables para la vida en la Tierra; el incremento constante de desechos de la producción y el consumo, y el incremento en la variabilidad climática, asociado sobre todo a nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

Este deterioro general de la biosfera afecta su capacidad de proveer servicios como la oferta de agua, la renovación de la fertilidad del suelo, el procesamiento natural de los desechos y la estabilidad del clima. Al propio tiempo, este deterioro en la oferta natural de servicios ecosistémicos que ofrece la naturaleza ha dado lugar a una demanda creciente de producción de servicios ambientales.

Esa producción opera, por ejemplo, mediante la generación de tecnologías y metodologías innovadoras para la restauración de ecosistemas degradados; el desarrollo de fuentes alternativas de energía, la generación de una renta ambiental asociada a la preservación y aprovechamiento de áreas protegidas y otras afines, mediante actividades productivas como el ecoturismo y la bioprospección, y la mitigación y adaptación ante el cambio climático.

Así, la formación de un mercado de servicios ambientales genera un sector nuevo en la economía, dedicado a la producción de las condiciones naturales indispensable para el buen funcionamiento de la agricultura, la industria y los servicios. En su fase inicial, ese sector ambiental de la economía toma cuerpo a partir de al menos tres líneas de actividad.

Una es la oferta de servicios para la adaptación de la actividad productiva a nuevas normas ambientales de comercio internacional cada vez más complejas; otra, el uso de recursos antes ociosos para aprovechar demandas de nuevo tipo – como el ecoturismo o la captación de emisiones de carbono-, y otra más consiste en la generación de servicios de nuevo tipo, como la compensación de la huella ambiental de grandes y medianas empresas mediante la restauración de ecosistemas degradados por parte de Organizaciones de Base Comunitaria.

Con todo, lo más relevante de las oportunidades que ofrece la economía ambiental consiste en la producción de las condicionessociales que requiere su desarrollo. Cada sociedad, en efecto, tiene un ambiente característico. Por lo mismo, si deseamos un ambiente distinto, necesitamos crear sociedades diferentes a las que han generado la crisis ambiental.

Así, el sector ambiental de la economía está íntimamente asociado a la promoción a la innovación tecnológica para el cambio social que la haga rentable en el mercado y sostenible en el tiempo. Esto genera nuevas formas de demanda asociadas al desarrollo del mercado de negocios ambientales.

Una es la generación de nuevos modelos de negocios, basados en cadenas de valor inclusivas, que contribuyan a la formación de una amplia base social en el conjunto de la economía. Otra, la generación de las nuevas ofertas de formación y capacitación necesarias para pasar del modelo de economía lineal hoy dominante – que asume a sus desechos como externalidades que se transfieren a otros -, a unaeconomía circular capaz de internalizarlos como insumos para nuevas actividades productivas. Y otra, naturalmente, consistirá en generar las políticas públicas necesarias para promover y facilitar esas transformaciones.

Nuestra América cuenta con dos grandes ventajas comparativas para abrir paso a esta transición y desarrollar un vigoroso mercado de servicios ambientales.  Una es su importante oferta de elementos naturales como agua, bosques y biodiversidad. Otra, una tradición intelectual de pensamiento crítico que ha venido ofreciendo aportes de gran importancia a la formación de un nuevo pensamiento ambiental.

De allí nos viene la reflexión de José Martí sobre el vínculo entre la educación y la naturaleza en el desarrollo de nuestras sociedades cuando observaba, en 1884 que, puesto que “ser bueno es el único modo de ser dichoso”, y “ser culto es el único modo de ser libre”, era necesario reconocer que, “en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. Y de allí concluía que “el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza».  Tal es, sin duda, el camino que lleva a la Ciudad.

Ciudad del Saber, Panamá, 10 de enero de 2020
Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber