El saber de la Ciudad: La ciencia en la Ciudad

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La sociedad crece, cambia y se desarrolla con el auxilio de la ciencia, que le facilita innovarse, crecer, y transformarse. Entre ambas existe una relación virtuosa, pues cada una necesita de la otra para dar lo mejor de sí. En esa relación está la promesa que ambas ofrecen. Para hacer de esa promesa una realidad, lo primero es conocer y comprender lo que cada una es, y el camino que las ha llevado a encontrarse.La ciencia, por ejemplo, es un producto del desarrollo de la sociedad, pero la sociedad no es en sí misma un resultado del desarrollo de la ciencia. Es precisamente por esto que podemos decir que la sociedad que tenemos se distingue por haber hecho de la ciencia una actividad productiva que encuentra un lugar para sí, en la medida en que la sociedad demanda sus productos.

La actividad científica tiene, sin duda, antecedentes muy remotos. Hubo importantes avances en lo que hoy llamaríamos climatología e hidrología, por ejemplo, ante la necesidad de resolver los problemas técnicos de interés social que requerían prever y medir las inundaciones del Nilo en el antiguo Egipto. Aun así, no fue sino con la necesidad de crear generadores de energía adecuados a la industria que nacía a fines del siglo XVIII en Inglaterra que, desde los talleres de las minas de carbón y las primeras fábricas textiles, se gestó el vínculo entre el conocer y la producción material que caracteriza a nuestra civilización.

De ese vínculo nacería, de mediados del siglo XIX en adelante, el desarrollo de la ciencia como actividad productiva, dotada de formas de organización, normas características, centros de trabajo, y relaciones cada vez más estrechas con todas las demás esferas de la vida económica, social y cultural de nuestro tiempo. En esa perspectiva, como herramienta para el progreso y el cambio social, se presentó la ciencia en nuestra América desde mediados del siglo XIX.

Veintidós años tenía José Martí cuando, desde una revista dirigida a lo más culto de la sociedad mexicana, se refirió a la ciencia como “el conjunto de los conocimientos humanos aplicables a un orden de objetos, íntima y particularmente relacionados entre sí”; y agregó enseguida que ella era “el fundamento de conocer”, pero no “el resultado de haber conocido.” De este modo, junto a su indudable valor utilitario – que Martí resaltaría de manera a la vez magistral y entusiasta en sus colaboraciones para la revista La América, en Nueva York, entre 1883 y 1884 -, la ciencia fue presentada a nuestra América como un medio para vincular el conocimiento de aquella íntima relación entre los elementos de la realidad a la tarea de hacer del cambio tecnológico un medio para la transformación social.

De eso se trata, justamente, cuando se trabaja por relacionar a la ciencia, la empresa y la cultura al servicio de la innovación para el cambio social, desde una perspectiva humanista, con el propósito de contribuir a la creación de una sociedad próspera, equitativa, sostenible y democrática. En una sociedad así, el trabajo científico verá ampliada y reconocida como nunca su dignidad, en la misma medida en que renueve y estreche sus vínculos con todas las esferas de la sociedad que lo hace posible porque lo reconoce como necesario.

En esa sociedad, también, encontrará la plenitud de su sentido lo dicho por Martí veinte años después de haber visto en la ciencia “el fundamento del conocer”. “Donde yo encuentro poesía mayor”, dijo en 1895,es en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden del mundo, en el fondo del mar, en la verdad y música del árbol, y su fuerza y amores, en lo alto del cielo, con sus familias de estrellas, – y en la unidad del universo, que encierra tantas cosas diferentes, y es todo uno, y reposa en la luz de la noche del trabajo productivo del día. Es hermoso asomarse a un colgadizo, y ver vivir al mundo: verlo nacer, crecer, cambiar, mejorar, y aprender en esa majestad continua el gusto de la verdad, y el desdén de la riqueza y la soberbia a que se sacrifica; y lo sacrifica todo, la gente inferior e inútil.

[1]Para hacer posible esa visión, de tan honda raíz en nuestra América, fue creada y crece la Ciudad, organizándose como una comunidad innovadora al servicio del desarrollo humano. En esa tarea crecen todos sus colaboradores, sus asociados, sus aliados, sus amigos: nos innovamos para innovar, cambiamos para transformarnos, nos transformamos para transformar. Somos todos, en breve, la Ciudad que hacemos todos.

Ciudad del Saber, Panamá, 5 de julio de 2019

Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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