El saber de la Ciudad: La aurora en la Ciudad

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La inteligencia tiene dos fases distintas: la de creación y la de aplicación: cuando aquélla no se une a ésta, hace desventurados y mártires, enfermos incurables del dolor perpetuo de la vida: la de aplicación, con ser menos noble, es más adecuada y necesaria a la existencia: una y otra mezcladas, son el germen escondido del bienestar de un país.José Martí [1]

Hay personas que, al decir de José Martí, aun después de su partida siguen dando luz de aurora.Una de esas criaturas de luz fue el Dr. Rodrigo Tarté, que se incorporó a la Ciudad en 1999 como su Director Académico, y permaneció en ella y con ella hasta su partida, doce años después. En la época de su incorporación, la Ciudad aún tenía una sede provisional en Albrook, y era una idea en busca de los medios para transformarse en una realidad. En el momento de su partida, Rodrigo había contribuido a hacer de ella un referente glocal en materia de innovación para la gestión integrada del conocimiento, que es la que combina las dos fases de la inteligencia de que nos habla José Martí.

Rodrigo Tarté contaba con la inteligencia, el carácter y la experiencia para encarar de una manera novedosa las tareas que le correspondió atender. Al llegar a la Ciudad, ya había desarrollado una distinguida carrera científica. Formado como agrónomo en la Universidad de Puerto Rico, contaba con un Doctorado en Fitopatología de la Universidad de Cornell, y había dirigido el Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Panamá, el Centro de Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza, en Turrialba, Costa Rica, y la Fundación Natura en Panamá.

Desde el primer momento, Rodrigo puso toda su experiencia y todas sus relaciones con la comunidad científica del país y el exterior al servicio del desarrollo y la consolidación de la Ciudad. En ese empeño, prestó especial atención al fomento de las ventajas competitivas de Panamá, en particular la abundancia de agua y biodiversidad en el territorio de nuestro país.Su visión del conocimiento como el resultado de la vinculación entre entidades dedicadas a producirlo, difundirlo y aplicarlo a la solución de problemas locales de alcance global resultó muy innovadora en un medio que para aquel entonces aún entendía a esas actividades por separado. Desde esa perspectiva, aportó a la definición de las primeras grandes áreas prioritarias de actividad de la Ciudad. Así, junto a algunas que ya empezaban a tomar auge – como las tecnologías de la información y la logística – supo promover otras de importancia menos evidente entonces, como la biotecnología, la gestión ambiental y la agroecología.

Su experiencia en la organización y dirección de entidades de gestión del conocimiento contribuyó también al diseño de las primeras políticas de la Ciudad para atraer entidades científicas y académicas de prestigio, y al de las normas y procedimientos para la afiliación de entidades que contribuyeran al desarrollo del proyecto y del país. Esa es una de las fuentes del rigor que hasta hoy caracteriza a la Ciudad del Saber en su gestión de las propuestas de afiliación que recibe y procesa.Rodrigo promovió también la necesidad de vincular a la comunidad científica del país con proyectos de innovadores, que desbordaban los criterios tradicionales sobre las relaciones entre el saber y el hacer. Eso llevó a la organización del Comité Consultivo de la Ciudad del Saber, un cuerpo colegiado de especialistas en ramas muy diversas del conocimiento, cuyas actividades van desde apoyar la evaluación de propuestas de afiliación hasta el fortalecimiento de las relaciones de la Ciudad con otras entidades afines del país y el exterior.

La visión de Rodrigo sobre el papel del conocimiento en la comprensión y mejoramiento de las relaciones de los seres humanos entre sí y con su entorno natural llevó a la Ciudad a crear el Centro Internacional de Desarrollo Sostenible, del cual fue su primer Director. El CIDES, un organismo internacional asociado a la Ciudad del Saber, vincula a la Ciudad con una amplia gama de entidades académicas y científicas, y con organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales que comparten un interés común en conocer y contribuir a resolver los problemas que atañen a la sostenibilidad del desarrollo de la especie humana.

Esa trayectoria de compromiso con el desarrollo sostenible llevó a la Ciudad a darle a su nueva reserva ecológica el nombre de Rodrigo Tarté. Hoy, el aporte de Rodrigo está presente en la visión de hacer de la Ciudad una comunidad innovadora que utilice los recursos de la ciencia, la empresa y la cultura para resolver problemas locales de alcance global, y contribuya a la creación de un futuro próspero, equitativo, democrático y sostenible. Rodrigo, sin duda alguna, sigue con nosotros, nos alienta y nos orienta, como una luz de aurora que ilumina los trabajos y los días de la Ciudad que vamos siendo, somos.

Ciudad del Saber, Panamá, 25 de octubre de 2019

Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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