El saber de la Ciudad: Construyendo la otra ciudad

Fundación

“Ser bueno es el único modo de ser dichoso.Ser culto es el único modo de ser libre.Pero, en lo común de la naturaleza humana,se necesita ser próspero para ser bueno.Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer,cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza.La naturaleza no tiene celos, como los hombres. No tiene odios, ni miedo, como los hombres.No cierra el paso a nadie, porque no teme de nadie.Los hombres siempre necesitarán de los productos de la naturaleza.Y como en cada región sólo se dan determinados productos,siempre se mantendrá su cambio activo, que asegura a todos los pueblos la comodidad y la riqueza».

José Martí [1]La Ciudad ha sido invitada por el Gobierno nacional a participar junto a otras entidades en el proceso de creación de una Ciudad del Saber Agropecuario. Esa invitación llega cuando la Ciudad celebra el vigésimo aniversario del inicio de sus actividades en el campus de Clayton. Como es natural, ha sido aceptada con la mejor disposición de aportar la experiencia acumulada en esas dos décadas al planteamiento de un problema que podía haber sido inimaginable a fines del siglo XX.Nuestro siglo XXI, en efecto, ha estado hasta ahora inmerso en las circunstancias inéditas que surgieron de la integración del Canal a la economía interna del país, y la plena incorporación de Panamá al mercado global. En ese proceso, la transformación de la región interoceánica en una Plataforma de Servicios Globales estructurada en torno al Canal, concentró la imaginación y las energías del país.

En lo más esencial, esa tarea ya está encauzada sobre bases más sólidas que nunca. Desde ese logro, ha llegado el momento de prestar atención a otros problemas cuya solución es imprescindible si de lo que se trata es de construir un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático. De esos problemas, uno de los más importantes consiste, sin duda, en revertir la tendencia histórica a la marginación del sector agropecuario en la vida y el desarrollo del país.

No sólo se trata de que el sector agropecuario sea el de más lento crecimiento de nuestra economía, en la que solo representa el 1.9% del Producto Interno Bruto, aunque genera el 12% del empleo a nivel nacional, y aporta entre el 65 y el 70% de las exportaciones totales de bienes del país. Se trata además, y sobre todo, de que esta situación afecta la calidad de vida de los panameños que residen en área rurales, que concentran los peores indicadores en salud, comunicaciones, infraestructura y dotación de servicios públicos.

Ante un problema así, soluciones tradicionales como la protección del mercado interno, los subsidios a la producción y el control de precios tienen una eficacia cada vez más limitada y terminan por resultar insostenibles. El sector agropecuario necesita el tipo de apoyo que le permita alcanzar niveles de productividad, eficiencia, sostenibilidad agroecológica y competitividad que le permitan aprovechar mucho más y mucho mejor los recursos naturales de nuestro territorio para atender la demanda del mercado local, y enfrentar con éxito a otras economías agroexportadoras en el mercado global.

Esto requerirá sin duda de un conjunto de políticas articuladas por un claro liderazgo sectorial a cargo de las autoridades correspondientes. Sin embargo, en lo que el mundo está viniendo a ser, un factor decisivo será el aporte de la ciencia, la tecnología y la innovación a ese propósito. El país cuenta con más recursos de los que imaginamos para ese propósito.

La abundancia de agua y biodiversidad, la riqueza de sus ecosistemas y un contingente aún pequeño, pero creciente, de trabajadores de la ciencia y de organizaciones públicas y privadas de trabajo científico forman parte de esos recursos. La existencia de Centros Regionales de Competitividad y la experiencia acumulada en el desarrollo de emprendimientos productivos a partir de Organizaciones de Base Comunitaria ofrecen mecanismos innovadores para la transferencia de conocimientos y tecnología, y para el trabajo de la ciencia con la sociedad y no solo para ella.

La Ciudad del Saber Agropecuario que tome forma a partir de esta iniciativa tendrá sin duda un referente en la Ciudad, pero ni puede ni debe ser un calco de ella. Se le parecerá en la medida en que se constituya como el núcleo central de un Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria que opere como un proyecto de Estado capaz de garantizar su gestión más allá de los cambios quinquenales de Gobierno, y dotado de las facilidades necesarias para atraer al país programas innovadores de I+D+i, y fomentar la participación de Panamá en el mercado glocal de bienes y servicios agropecuarios.

Ese Sistema deberá encarar con éxito al menos dos factores críticos de éxito. Uno de ellos consistirá en desarrollar la capacidad de operar como una red de gestión de actividades de Investigación, Desarrollo, Innovación y Formación de capacidades para el sector – incluyendo actividades de emprendimiento -, vinculando entre sí a las entidades que ya desarrollan ese tipo de actividades en el sector, y creando las condiciones para atraer o crear otras cuando y donde llegue a ser necesario.Otro factor crítico de éxito consistirá en la capacidad del sistema para constituirse en una comunidad innovadora cuya actividad contribuya a fomentar el cambio social en el mundo rural. El grado de desarrollo de una sociedad, en efecto, puede ser medido por el grado de la división del trabajo en la misma. Entre la gran empresa de agronegocios y las explotaciones familiares que tiene lugara el 80% de la actividad agropecuaria, hay un enorme vacío que sólo podrá ser llenado de modo que articule sus extremos mediante el desarrollo de organizaciones productivas intermedias de amplia base social.

Las ciencias agropecuarias tendrán éxito en la medida en que las ciencias sociales y las Humanidades les faciliten la tarea de comprender de manera integral el contexto en que se les plantea este nuevo desafío. El sector agropecuario, en efecto, opera al interior de un mundo rural cuya pobreza y cuyo atraso tecnológico amenazan la estabilidad social y ambiental del conjunto. Ese mundo rural necesita una transformación integral: en esta tarea, hay lugar para todos los componentes del sector dispuestos a crear las condiciones que faciliten sus relaciones de intercambio y colaboración para el progreso de todos con una perspectiva realmente glocal.

Ciudad del Saber, Panamá, 4 de octubre de 2019

Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber


1. “Maestros ambulantes”. La América, Nueva York, mayo de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, Cuba, 1975. VIII: 289.

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