El saber de la Ciudad: La Ciudad sostenible

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El lenguaje, dicen los filósofos, es la forma material de la conciencia. Por lo mismo, el lenguaje evoluciona en la medida en que la sociedad que lo utiliza va encontrando y resolviendo nuevos problemas en su devenir a lo largo del tiempo. En ese proceso, surgen nuevas palabras – o nuevos usos de palabras ya existentes -, para designar situaciones nuevas.

Al principio, esas palabras tienen un significado técnico, propio de especialistas. Sin embargo, si designan con acierto los problemas a que hacen referencia, se difunden con rapidez, y sus significados se multiplican tanto que se pueden hacer vagos, cuando no contradictorios.

Esto explica la importancia de estar atentos al lenguaje que utilizamos para identificar los problemas que debemos encarar, sobre todo cuando eso requiere la acción coordinada de distintos equipos de colaboradores. Ese es el caso de palabras como sostenible y sostenibilidad, que todos utilizamos para referirnos a propósitos que a primera vista son muy diversos.

El término sostenibilidad ingresó en la cultura contemporánea asociado a otro aún más amplio: el de desarrollo.

Esa relación entre ambos data (apenas) de 1987, cuando las Naciones Unidas adoptaron la expresión desarrollo sostenible para designar una relación entre la especie humana y la naturaleza en la cual los recursos del presente son utilizados de manera que no se comprometa la posibilidad de que las generaciones futuras dispongan de los recursos necesarios para atender a sus propias necesidades.

El punto, aquí, está en el hecho de que la especie humana obtiene de la naturaleza los recursos que necesita mediante procesos de trabajo socialmente organizados. De esa relación entre la naturaleza y la sociedad resulta un ambiente que cambia a lo largo del tiempo, en la medida en que lo hacen las sociedades que lo producen.

Esto permite comprender que, si bien nuestra relación con la naturaleza se expresa de la manera más visible en el ambiente que la sociedad produce, ese ambiente es el resultado de todas las dimensiones del desarrollo de la sociedad que lo produce. Por eso mismo, cuando hablamos de la sostenibilidad del desarrollo como problema, nos referimos al conjunto de las formas de organización social, política y económica que nos permiten plantear el desarrollo sostenible como objetivo.

Esta perspectiva nos permite hacer de la sostenibilidad del desarrollo un eje transversal que vincula entre sí a todos los campos de actividad de la Ciudad. A partir de ese vínculo, la sostenibilidad se hace presente tanto en la generación de los ingresos que la Ciudad requiere para su trabajo, como en la definición de las prioridades en la asignación de los recursos disponibles para sus actividades.

Esa perspectiva también nos permite plantearnos como objetivo fundamental de la Ciudad contribuir a la creación de una sociedad próspera, equitativa, sostenible y democrática, mediante la formación de una comunidad innovadora que utilice los aportes de la ciencia, la empresa, la cultura y el humanismo para encarar problemas locales de alcance global. En ese marco adquiere todo su sentido el vínculo entre la innovación y el cambio social, que relaciona entre sí a nuestra visión con la misión que permitirá convertirla en realidad.

Vistas así las cosas, podemos entender que nuestra visión y nuestra misión son el producto de la transformación en conocimiento de la experiencia acumulada por la Ciudad desde que surgió como idea a mediados de la década de 1990. Hoy, el paso de una organización original por agregación de funciones a otra por integración de procesos crea ya las bases – y la demanda – de una cultura organizacional capaz de expresar los logros que hemos alcanzado de una manera que facilite alcanzar los que esperan por nosotros en el futuro.

El desarrollo de la Ciudad, como el de otras iniciativas innovadoras en los más diversos ámbitos de la vida de nuestro país, comprueba que la solución de problemas realmente importantes genera problemas nuevos y más complejos. Hoy podemos plantearnos esos problemas, y encararlos. Al hacerlo, vamos creando el futuro que tendremos. Crecemos con nuestra gente, para ayudarla a crecer.

Ciudad del Saber, Panamá, 19 de julio de 2019

Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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