El saber de la Ciudad: De lo real, y lo aparente

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A lo real se ha de estar, no a lo aparente, decía José Martí. Y esto es tan válido para la vida política (que era su interés principal al decirlo), como para la gestión de un proyecto tan complejo como la Ciudad del Saber.

En lo más visible, la Ciudad se nos presenta en forma de tres entidades distintas estrechamente vinculadas entre sí. Una es un Tecnoparque, integrado por empresas innovadoras, centros de investigación científica y programas académicos; otra es un conglomerado de sedes regionales de organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales, y una tercera consiste en un conjunto cada vez más rico y complejo de centros de promoción de la innovación para el desarrollo humano sostenible.Dos elementos vinculan a ese conjunto y le permiten funcionar como un conjunto. La primera es la Ciudad misma, con sus instalaciones y servicios. La segunda es un interés común en la producción, aplicación y difusión del conocimiento como medio de solución de problemas de alcance global. En la relación entre esas dos facetas se constituye la Ciudad, al servicio del saber.

Podemos y debemos considerar esa dimensiones por separado para analizar los los problemas de la gestión de la Ciudad y los de la gestión del Saber. Lo que no podemos hacer es considerarlas al margen la relación de interdependencia que guardan entre sí.

La Ciudad del Saber, en efecto, es un medio para generar el Saber de la Ciudad. Ese Saber anima y demanda el proceso de hacer de la Ciudad una comunidad innovadora, capaz de contribuir a la formación de una sociedad próspera, equitativa, sostenible y democrática mediante el uso de los recursos de la empresa, la ciencia y la cultura desde una perspectiva humanista.

Comprender esto facilita la tarea de identificar y encarar problemas fundamentales para nuestra gestión presente y nuestro desarrollo futuro. Uno de esos problemas, por ejemplo, consiste en la correcta identificación del mercado en el que actúa la Ciudad.

A primera vista, ese mercado es el inmobiliario, que hasta ahora genera la mayor parte de los ingresos necesarios para el funcionamiento y el desarrollo de la Ciudad. Al propio tiempo, sin embargo, ese desarrollo opera a partir de la provisión de servicios inmobiliarios de valor agregado a un segmento específico de clientes, que finalmente determinan la viabilidad de la visión y la visión de la Ciudad.

Aquí es importante proceder con tiento. El mercado, en efecto, es abstracto, y solo adquiere forma concreta en los clientes a los que convoca. En otras palabras, lo que tienen de común esos clientes entre sí es lo que realmente define a cada mercado y a su capacidad de convocatoria.

Visto desde los clientes a quienes convoca, el verdadero mercado de la Ciudad es el de servicios de gestión del conocimiento. Dentro de ese mercado global, característico de una economía que hace del conocimiento su factor decisivo de competitividad, la Ciudad ocupa un nicho específico: el de la oferta de servicios de apoyo a la gestión del conocimiento.

Desde ese nicho, la Ciudad ofrece productos muy específicos. En lo más visible, esos productos incluyen instalaciones físicas para actividades de administración, investigación y educación; residencias; servicios técnicos y comerciales, y privilegios migratorios y fiscales.

A ellos cabe agregar otros servicios, menos visibles, como el de facilitar el acceso a redes de colaboración y trabajo, tanto entre entidades ya presentes en la Ciudad, como con otras, asociadas a la Ciudad en el país y el exterior. A eso cabrá agregar, dentro de poco, el acceso a conglomerados de empresas y organizaciones que comparten eslabones diversos en la generación de cadenas de flujo de valor en áreas tan diversas como las industrias creativas, la tecnología de la información, la biociencia, la salud y la gestión territorial y ambiental, por mencionar algunos ejemplos.

Nada de esto es usual (aún) en Panamá. Tampoco lo era que el Canal formara parte de nuestra economía interna, ni que articulara en torno a sí a toda una plataforma de servicios globales de la que forma parte la propia Ciudad.

Cada uno de los componentes de esa plataforma tiene un mercado específico con clientes concretos, como la Ciudad tiene los suyos.

Conocer a esos clientes y comprender esos mercados ha sido un factor clave en el éxito de todos ellos, y del país, en la economía global.

La lección no puede ser más sencilla: convirtamos en conocimiento la experiencia que venimos ganando, y utilicemos ese conocimiento para imaginar con verdadero fundamento el futuro para el que trabajamos. Ese futuro es lo real; todo lo demás es aparente.

Ciudad del Saber, Panamá, 28 de junio de 2019

Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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