El saber de la Ciudad: La Ciudad en la nueva economía

Fundación

La Ciudad recibirá este año a Manuel Castells, pionero en el desarrollo de la sociología de la información y director del Internet Interdisciplinary Institute, en la Universidad Abierta de Cataluña. Su obra es tan vasta como rica, sobre todo en lo que se refiere al papel de las nuevas tecnologías – en particular Internet – en las grandes transformaciones de nuestro tiempo. Entre nosotros, esa obra contribuyó y contribuye más de lo que a veces se imagina en el proceso de imaginar, concebir y desarrollar la Ciudad.Esta contribución se dio sobre todo a partir de una conferencia que Castells dictara en el Ayuntamiento de Barcelona en febrero de 2000,cuando la Ciudad apenas iniciaba su operación. [1]En aquel momento, Castells buscaba indagar en el papel de las ciudades en un proceso de cambio histórico, generado por las condiciones en que tenía lugar el desarrollo de la llamada “nueva economía”, y “la relación, problemática,” entre ella y “los procesos sociales e institucionales que están en la base de nuestra convivencia y de nuestra vida.”

Para Castells, la “nueva economía» era ya entonces “la nuestra … la que se desarrolla de forma desigual y de forma contradictoria … en todas las áreas del mundo”, y empezaba a tomar forma en Panamá con la incorporación del Canal a nuestro mercado interno, y de ese mercado a la economía global. Esa economía estaba centrada “en el conocimiento y en la información como bases de producción, como bases de la productividad y bases de la competitividad, tanto para empresas como para regiones, ciudades y países”. Con ello, creaba la posibilidad de producir “un salto histórico en la relación entre forma de actividad económica y generación de riqueza”, lo cual era especialmente importante ante “el problema de desigualdad y de competitividad individual salvaje”.

En esa nueva economía, agregaba, “las actividades económicas dominantes están articuladas globalmente y funcionan cómo una unidad en tiempo real.” Al respecto, destacaba “la globalización de los mercados financieros” interconectados por medios electrónicos, y “la organización a nivel planetario de la producción de bienes y servicios y de la gestión de estos bienes y servicios.”

Por último, decía, esa economía estaba organizada en redes en todos sus campos y niveles, lo cual le otorgaba “una extraordinaria flexibilidad y adaptabilidad”. Así, ella era a un tiempo informacional, era global y estaba organizada en red, “y ninguno de esos factores puede funcionar sin el otro.”Lo que permitía esa interdependencia entre factores tan diversos era una base tecnológica: la Internet. Y planteaba al respecto una tesis que no ha hecho sino ganar en actualidad con la transición a la IV Revolución Industrial:Internet no es una tecnología, Internet es una forma de organización de la actividad. El equivalente de Internet en la era industrial es la fábrica: lo que era la fábrica en la gran organización en la era industrial, es Internet en la Era de la Información.

De este modo, la nueva economía del año 2000 consistía en las empresas que funcionan con y a través de Internet. “No se trata”, añadía,de que todas utilicen Internet, sino de que se organizan en torno a la red de relaciones, que está electrónicamente conectada y basada en la información. Esa nueva economía es y será mundial, y no simplemente norteamericana, porque las empresas que no funcionen así serán eliminadas.Por otra parte, Castells aportaba una perspectiva humanista a su análisis al resaltar el hecho de que esa economía estuviera, organizada mediante redes entre individuos y empresas extremadamente competitivas “sin ninguna referencia a valores que no puedan ser capitalizados en el mercado”. Al respecto, decía, las ciudades cumplían en esa economía el doble papel de ser productoras de procesos de generación de riqueza, y contar con “la capacidad social de corregir los efectos desintegradores y destructores de una economía de redes sin ninguna referencia a valores sociales más amplios,” como la conservación de la naturaleza o la identidad cultural.

La sinergia generada por las ciudades, por otra parte, atrae los dos elementos claves del sistema de innovación: personas con conocimiento e ideas, y capital, “sobre todo capital de riesgo, que es el capital que permite la innovación.” Esa sinergia, además, movía a las ciudades dinámicas que pasaban a constituirse en nodos que se articulan en redes que abarcan el mundo entero.

Para Castells, el dinamismo de esas ciudades estaba – está – asociado a cuatro elementos fundamentales. El primero es una educación “capaz de producir gente con autonomía de pensamiento y con capacidad de auto programación y de adquisición de conocimientos el resto de su vida.” El segundo consiste en servicios públicos que funcionen, pues “la calidad de los servicios públicos y, en concreto, de los servicios públicos municipales, es absolutamente decisiva para que todo lo demás funcione.” El tercero, en “la calidad de vida, en el sentido amplio”, que atrae y retiene a personas talentosas. Y el cuarto radica en la relación entre ciudad y universidad en la nueva economía, donde estas desempeñan un elemento esencial tanto de la dinamización del tejido urbano, como de “la producción de mano de obra cualificada, de innovadores y de personas con ideas nuevas.”

El papel de las ciudades en la nueva economía consiste, así, en ser medios productores de innovación y de riqueza, pero – y sobre todo – en ser capaces de integrar la tecnología, la sociedad y la calidad de vida en un sistema interactivo, que produzca “un círculo virtuoso de mejora, no sólo de la economía y de la tecnología, sino de la sociedad y de la cultura”. El calor de estas ideas alentó los primeros pasos de la Ciudad. La experiencia las ha confirmado. Hay que leer a Castells, y recibirlo como a un amigo.

Ciudad del Saber, Panamá, 14 de junio de 2019

Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

[1] Entra en este enlace para ver el texto «La ciudad de la economía» de Manuel Castells

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