El saber de la Ciudad: Los clientes de la Ciudad

Fundación

En su desarrollo, la Ciudad ha pasado por dos grandes fases. La primera fue la del paso de la idea a la práctica, una tarea especialmente compleja, porque nadie sabía en realidad cómo construir una Ciudad del Saber. En esa fase, la Ciudad creció agregando las funciones que iba demandando su desarrollo: una Dirección Académica; una Administrativa; otra para un Tecnoparque; una Incubadora de Empresas; una Dirección para Cooperación y Organismos Internacionales, y finalmente una de Infraestructura y Servicios.

Esa estructura daba respuesta a problemas y oportunidades a medida que se iban presentando, y permitió establecer la Ciudad y hacer de ella un organismo viviente, capaz de crecer por sí mismo. Hoy, la Ciudad se pone a la altura de sus logros de ayer pasando del crecimiento mediante la agregación de funciones al desarrollo mediante la integración de procesos. Esa integración tiene el propósito de hacer de la Ciudad una comunidad innovadora que, desde una perspectiva humanista, utilice la ciencia, la empresa y la cultura para resolver problemas locales de alcance global, y contribuya a la creación de un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático.

Una tarea así demanda herramientas correspondientes a la complejidad de sus propósitos. Para atender esa demanda, la Ciudad ha venido creando un conjunto de medios adecuados a sus fines. Hoy, por ejemplo, la Ciudad dispone de una aplicación para el manejo de las relaciones con sus clientes elaborada a partir de sus experiencias en este terreno, y ha iniciado el proceso de capacitación y organización que permitirá ponerla en uso con la eficacia que ellos esperan.La capacitación es el proceso de creación de las condiciones para el uso de nuevos medios- En ese proceso, tiene una importancia decisiva la comprensión adecuada de los fines a cuyo servicio se encuentran esos medios. Esa comprensión es la mejor garantía contra el riesgo – siempre presente en toda innovación tecnológica – de que la Ciudad trabaje para la herramienta y no al revés, como debe ser.

En términos prácticos, esto demanda que la propia Fundación profundice el proceso de hacer de sí misma una comunidad innovadora, capaz de generar el cambio cultural interno que demanda el aprovechamiento eficiente de la nueva herramienta a la solución de los problemas que plantea nuestra estrategia de desarrollo. Aquí, lo que vincula a los procesos de cambio tecnológico y cultural es la misión que Fundación se propone cumplir para hacer una realidad de su visión.

En este sentido, el factor de cambio cultural más relevante en esta coyuntura consiste en la comprensión operativa de la misión por parte de todos los equipos y cada uno de los colaboradores de la Fundación. Para esto, esa comprensión debe incorporar la del mercado que proporciona a la Fundación los ingresos necesarios para su trabajo, y la de los clientes conque la Ciudad se relaciona en ese mercado.

El mercado fundamental de la Ciudad es el de servicios de gestión del conocimiento. Nuestro nicho en ese mercado es el de provisión de servicios de apoyo a esa gestión. Esos servicios son de diverso tipo. Algunos son tangibles, como el acceso a espacio físico, instalaciones docentes y servicios comerciales. Otros son intangibles, como la generación de oportunidades de negocios mediante el acceso a entidades vinculadas a la red interna y la red local que se articulan la Ciudad.

La misión, en efecto, solo revela la plenitud de su sentido en su relación con el mercado. El mercado, en efecto, es una estructura que permite a los seres humanos relacionarse entre sí para el intercambio de bienes y servicios. Por lo mismo, la mejor manera de comprenderlo es a partir de las necesidades y la cultura de negocios de los clientes concretos que ese mercado relaciona entre sí.

En la Ciudad, por ejemplo, coexisten e interactúan entre sí y con la Fundación al menos ocho tipos distintos de clientes, desde empresas y organismos internacionales hasta arrendatarios de viviendas y proveedores de servicios comerciales, pasando por programas académicos, centros de investigación científica y usuarios externos de servicios que ofrece la Fundación en instalaciones de su propiedad. Visto así, el valor principal de las herramientas que facilitan el relacionamiento de la Ciudad con sus clientes el consiste en su capacidad para incorporarlos – en sus valores, sus propósitos y sus actividades – al desarrollo de la comunidad innovadora que la Ciudad se ha propuesto crear. Esa será, sin duda, la mejor prueba de que el medio se corresponde con los fines a los que debe servir.

Ciudad del Saber, Panamá, 17 de mayo de 2019

Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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