El saber de la Ciudad: La incidencia de la Ciudad

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Cuando la Ciudad se propone promover el cambio social a través de la ciencia, la cultura y los negocios desde una perspectiva humanista, nos dice que existe una interacción muy cercana entre ese cambio y la innovación. La innovación, en efecto, promueve y facilita el cambio social, como éste estimula y facilita a la innovación.

Basta, por ejemplo, recordar las enormes transformaciones sociales que surgieron de la difusión del uso de la electricidad en la industria como en la vida cotidiana a fines del siglo XIX. “La conquista de la noche” – y de los horarios, y las formas de vida, trabajo y diversión – ha llamado a ese proceso el antropólogo Ricardo Melgar, al que por su parte José Martí se refería en los siguientes términos:

La electricidad cambia ahora de nuevo, y acelera y perfecciona las relaciones humanas. […] ¡Cuanta ingeniosa invención! ¡Cuánta traviesa maravilla! ¡Qué ahorro de tiempo, gasto y trabajo, con ganancia de belleza! ¡Qué alba de descanso, como reviendo el tiempo en que los hombres, dueños ya de los secretos de la naturaleza, podrán entregarse con más reposo a las nobles labores del espíritu, y vivir más felices y más dignos sobre la tierra!”[1]

La innovación social es a menudo menos visible que la tecnológica, pero eso no disminuye su trascedencia. De esto sabe la Ciudad, que lo ha aprendido a través – por ejemplo – de su respaldo al proceso de formación y desarrollo de la red Panamanglar.Hoy, esa red abarca cerca de 40 organizaciones de base comunitaria rurales y urbanas, universidades, centros de investigación y ONGs ambientales, que mantienen relaciones con entidades afines en Cuba, Estados Unidos, México, Colombia y Brasil. Todos comparten una misma preocupación por la conservación y el aprovechamiento sostenible de los ecosistemas de manglar, que desempeñan un papel de primera importancia en la reproducción de especies marinas, la protección de áreas litorales, y la captura de gases de efecto invernadero.

La Ciudad ha tenido un importante papel en la formación de esa red. Uno de sus puntos de partida, por ejemplo, fue un proyecto de aprovechamiento sostenible del manglar de Sajalices, promovido por productores de carbón de mangle con apoyo del Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo Mundial del Ambiente, radicado en la Ciudad del Saber. La Ciudad facilitó el vínculo de iniciativas como esas con entidades como el Centro de Incidencia Ambiental, que desempeñó un papel de gran importancia en la transformación de aquel pequeño grupo de organizaciones en una red que hoy está presente desde el humedal de Matusagaratí, en Darién, hasta el de San San Pond Sak, en Bocas del Toro.Las reuniones periódicas de la red, sus actividades de formación y de información, han desempeñado un importante papel en la creciente toma de conciencia de la sociedad panameña sobre la importancia de ese ecosistema, y la necesidad de organizarse para protegerlo. Hoy, aquella red que tuvo una de sus semillas en una organización comunitaria rural, incluye a otra de vecinos de la cuenca baja del río Juan Díaz en la ciudad de Panamá. Y la Ciudad ha estado presente a todo lo largo de ese recorrido.

Hoy, cuando la Ciudad se propone contribuir a la creación de un futuro próspero, equitativo, democrático y sostenible, su vínculo con entidades como la red Panamanglar es más valioso que nunca, y eso en varios sentidos. Panamanglar, en efecto, es un ejemplo de innovación social que ha facilitado la innovación tecnológica en la gestión sostenible del manglar, a través por ejemplo de la incorporación de métodos de manejo del bosque y de la producción de carbón mucho más eficientes y de impacto mucho menor que los tradicionales, y del desarrollo de nuevas formas de aprovechamiento de ese ecosistema, como es el caso de la producción de miel.

Mañana, cuando la Ciudad pase a la organización de clústers que potencien las capacidades y hagan más competitivas las actividades de sus clientes, Panamanglar podrá formar parte del agrupamiento de entidades vinculadas a la gestión ambiental y territorial para colaborar con otros por el bien de todos. De ese modo, la Ciudad se constituye en una comunidad innovadora que incide de manera nueva en la solución de problemas locales con relevancia global. Somos, realmente, aquello que hacemos.

Ciudad del Saber, Panamá, 3 de mayo de 2019

Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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