El saber de la Ciudad: La Ciudad en su tiempo

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Normalmente, cuando hablamos del tiempo nos referimos al cronológico. Ese tiempo carece de sentido propio, puesto que se limita a medir las duraciones de los eventos, cualesquiera que sean. En cambio, al tiempo histórico le otorgamos un sentido que le viene del transcurrir del desarrollo de la especie humana, en su doble dimensión natural y social.

Esta asignación de valor es muy diversa. En Occidente, por ejemplo, ha operado durante veinte siglos a partir del nacimiento de Cristo. Sin embargo, en nuestra América AC y DC significan a la vez antes y después de Cristo y de la Conquista de Abya Yala por los europeos. Y no sabemos cuál es el antes y el después de la civilización china, mucho más prolongada y continua que la Occidental.  Y todo eso por no hablar de aquellos que comparten con nosotros el siglo XXI, pero habitan en cualquier lugar del tiempo entre el XIV y el XIX.

Por otra parte, así como el tiempo cronológico tiene la virtud de su precisión, el histórico tiene la de su flexibilidad. Así pudo Fernand Braudel referirse a un siglo XVI “largo” – que iba de 1450 a 1650 – como periodo de transición entre las edades Media y Moderna, y podemos discutir aún si el siglo XVIII se extiende en nuestra América hasta mediados del XIX, y éste hasta mediados del siguiente.

Todo esto debe ser objeto de reflexión para asignarle valor y sentido a nuestro propio tiempo. Comprender estas cosas tiene su importancia. Nuestras visiones del mundo y su devenir, en efecto, se expresan en formas de conducta social que define nuestra actitud y nuestra actividad tanto en relación con el tiempo cronológico en que nos ha correspondido vivir, como respecto al tiempo histórico que nos corresponde construir.

Así, por ejemplo, el medievalista italiano Pierluigi Licciardello nos recuerda que la Alta Edad Media “hereda de la civilización de la Antigüedad tardía tres diferentes concepciones del tiempo.”  La primera, dice, “es el tiempo lineal, progresivo, de los años y los siglos”, contados a partir de la encarnación de Cristo, pero dividido en dos por la intervención de lo divino en la historia, que le otorga sentido. Otro es “el tiempo cíclico, el tiempo de la renovación periódica y el eterno retorno”, propio de la liturgia, que vuelve sobre sí mismo y concluye, recomenzando cada vez un nuevo ciclo. Y está finalmente el tiempo escatológico, “que anula la historia en un presente infinitamente dilatado, que tendrá lugar con el retorno de Dios en el día del Juicio Fina.” En suma, concluye Licciardello, para el hombre medieval la historia era, ante todo, “historia de la salvación”.

A ese tiempo ha seguido el de nuesta modernidad, cuya unidad cronológica fundamental es el tiempo de la circulación del capital. Al respecto, por ejemplo,el economista norteamericano James O’Connor considera que es posible vincular la lógica del tiempo histórico con la del desarrollo del capitalismo.   Así, la historia occidental moderna comenzaría con la historia política, jurídica y constitucional, para pasar de allí a la historia económica entre mediados y fines del siglo XIX; enfatizar en lo social y cultural a mediados del siglo XX, y culminar en una historia ambiental a finales de éste, al calor de lo que llama “la capitalización de la naturaleza, o la creación de una naturaleza específicamente capitalista, y las luchas por la misma.”

En todo caso, el tiempo histórico de la Ciudad transcurre a partir de un proceso de desarrollo desigual y combinado que opera a escala planetaria, vinculando entre sí los destinos de una gran diversidad de sociedades. A esa escala, dice O’Connor, se produce “un diálogo entre las inquietudes y las experiencias del pasado y del presente”, que incluye también el futuro, pues “la escritura histórica actual contribuye a definir los modos en que cambia el mundo.”En ese cambiar del mundo se inscriben la visión de la Ciudad, y la misión con que nos proponemos alcanzarla. En esa visión, la historia social de la innovación, y la historia natural de la sustentabilidad, se funden en un mismo proceso: el de la transformación progresiva de la biosfera en una noosfera caracterizada por sociedades prósperas, equitativas, democráticas y sostenibles. La Ciudad construye, en verdad, el mundo nuevo de mañana en el Nuevo Mundo de anteayer. Tal es nuestro tiempo; tal, el sentido histórico de nuestra misión.

Ciudad del Saber, Panamá, 19 de abril de 2019

Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber


Licciardello, Pierluigi: “La historiografía”, en Eco, Umberto (Coordinador), 2015: La Edad Media. I. Bárbaros, cristianos y musulmanes. Fondo de Cultura Económica, México, 559-560.“¿Qué es la historia ambiental? ¿Por qué historia ambiental?”. Natural Causes. Essays in ecological Marxism. The Guilford Press, New York London, 1998. Traducción de Guillermo Castro H. Panamá, 2000.

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