El saber de la Ciudad: Tiempos nuevos, Ciudad nueva

Fundación

Hace ya mucho tiempo que la Ciudad dejó de ser un proyecto local. Quizás, incluso, nunca lo fue, pues nació cuando Panamá conquistaba finalmente su soberanía nacional, y la utilizaba para incorporarse de lleno al mercado global. Así, desde un país aún en formación, la Ciudad abrió una ventana a un mundo que se hacía cada vez más nuevo.

Innovadora en su concepto, la Ciudad lo ha sido siempre en su quehacer. Generó y desechó formas de gestión, hasta encontrar la que mejor expresaba el contenido de su misión. Y en el proceso supo preservarse siempre del espíritu de imitación, que tanto ha pesado y pesa en nuestra cultura.

Ser y hacer como en Singapur, como en Finlandia, como en Dubái, como en Silicon Valley es no ser, ni hacer. Esos referentes son universales porque son auténticos. En estas cosas, lo mejor es atender a la recomendación que nos legara José Martí: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.”[1] Así es como vale la pena ser, y hacer.

Desde el lugar que ocupa en esa enorme y compleja innovación que es la Plataforma de Servicios Globales de Panamá, la Ciudad ha sabido ser glocal. Su quehacer vincula el fomento de las ventajas competitivas de Panamá – empezando por el desarrollo de las capacidades de nuestra propia gente – con las oportunidades y los retos que se va planteando la Humanidad entera en este cambio de épocas, tan cargado de problemas, preguntas y oportunidades nuevas.

La Ciudad hace todo eso, y más, desde una perspectiva de estímulo al emprendimiento y la innovación. Con eso, se vincula a sí misma, y a su entorno local, al proceso de construcción y desarrollo del mercado global, y contribuye a superar las limitaciones del mercado internacional.

Apreciar esto no es sencillo. Puede ser incluso imposible desde la cultura creada por el aquel mercado en su fase ascendente de desarrollo, entre las décadas de 1880 y 1980. Entonces, las ventajas comparativas parecían decidirlo todo, y la geografía política lo expresaba en mercados definidos por su población, sus recursos naturales y su base industrial.

Hoy, como lo plantean autores como Parag Khanna en su libro Connectography: mapping the future of global civilization, – que todo colaborador de la Ciudad debería conocer – el emprendimiento y la innovación desempeñan un papel de primer orden para la creación de nuevas cadenas de flujo de valores en el mercado global, y desbordan la mera competencia en mercados locales. En esa perspectiva, la Ciudad ha cumplido y cumple un importante papel en la provisión de servicios de apoyo técnico, logístico y de infraestructura a la gestión del emprendimiento y la innovaciónen una región del mundo donde eso es, en sí mismo, profundamente innovador.

Los servicios que ofrece la Ciudad tienen especial valor en su relación con las funciones que cumple la Plataforma de Servicios Globales de Panamá en la circulación de bienes, capitales y personas en el mercado global. Esto hace especialmente relevantes nuestros servicios en campos como la logística, las finanzas, la tecnología de la información, la biotecnología y la biomedicina y – cada vez más – el desarrollo de un mercado de servicios ambientales.

En todo esto, la Ciudad colabora de una manera cada vez más activa con entidades empresariales, científicas y académicas para encarar los retos que plantea la pobreza relativa de las actividades de Investigación y Desarrollo, y las limitaciones de nuestro sistema nacional de gestión del conocimiento. Frente a esa situación, la CdS cuenta con la fortaleza de su experiencia de trabajo en emprendimiento e innovación, y ofrece un espacio de encuentro y colaboración entre el talento local, por un lado, y las iniciativas del mercado global encaminadas a incrementar el valor de las ventajas competitivas de Panamá.

Los tiempos son nuevos, y la Ciudad forma parte de esa novedad. Su labor ha sido pionera, y en muchos sentidos sigue y seguirá siéndolo. Alguien podrá decir siempre que los obstáculos son muchos, y la dificultad muy grande. El problema, en todo caso, no radica allí, sino en la actitud de innovación o de imitación ante circunstancias como esas. Y siempre podrá decirse que lo que ahora no se ve con claridad, se verá luego, y que aquel “que vio hervir, en tacho burdo, el hierro de que se hizo el primer clavo, no imaginó la fogueante locomotora – que cabalga en los montes y los lleva a rastras.”[2]
Crecemos con el mundo, para ayudarlo a cambiar.
Ciudad del Saber, Panamá, 12 de abril de 2019
Dr. Guillermo Castro, Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber