El saber de la Ciudad: Los lenguajes de la Ciudad

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El lenguaje es la forma material de la conciencia, como ésta es el contenido viviente de aquél. Ambos están estrechamente relacionados entre sí. El desarrollo del lenguaje estimula el de la conciencia, como el de ésta estimula el de aquél. Más aun: distintas formas de conciencia generan y demandan, a un mismo tiempo, distintas formas de lenguaje que son indispensables para su propio desarrollo.

Así, hay un lenguaje de la vida cotidiana, en el que el significado preciso de las palabras depende del entorno, del tono de voz y del gesto que acompaña a la expresión, como hay uno científico, cuya calidad depende de la claridad y precisión de lo planteado. Y hay otro artístico, que utiliza elementos de múltiples significados no excluyentes entre sí para trascender la realidad inmediata.

Así lo hace José Martí, por ejemplo, al decirnos que su verso “es como un puñal, que por el puño echa flor”, y “un surtidor que da un agua de coral”. Con ello nos remite a un tiempo al objeto designado – puñal, flor, agua, coral – como a la resonancia afectiva generada por los términos así combinados para sugerir emociones que van más allá del significado de cada palabra por separado.

Los lenguajes, por otra parte, son creación humana, y cambian y se transforman en la medida en que lo hacen las sociedades en que vivimos y las organizaciones en que trabajamos. La conciencia que expresa el lenguaje es tanto la que la sociedad tiene de sí misma como – en los cambios que va experimentado – las de las transformaciones por las que va atravesando en su desarrollo.

La Ciudad tiene sus lenguajes, por supuesto. Ellos desempeñan un importante papel en la conciencia de sus fines y de los medios de que dispone para alcanzarlos, como en las relaciones que mantiene con su entorno local y global. Ese lenguaje ha ido siendo construido al calor de las experiencias y los aprendizajes obtenidos a lo largo de veinte años, a medida que la Ciudad fue gestando su identidad desde su propia labor, comprobando una y otra vez que era indispensable injertar en nuestra realidad el mundo, pero que el tronco debía ser siempre el de esa realidad.

La historia del lenguaje de la Ciudad ha sido, en verdad, la de una lucha constante de la innovación contra la imitación. Cuando otros sintetizaban su propia experiencia en la gestión del conocimiento para el desarrollo económico en un modelo que llamaban de triple hélice – Estado, universidad, empresa -, la Ciudad optó por agregar una hélice más: la de la sociedad que buscaba camino propio en un mundo que le planteaba riesgos y oportunidades de un tipo nuevo para ella.

Conviene recordar, por ejemplo, que el primer planteamiento de la misión fue hecho con las herramientas que estaban disponibles, que eran las del viejo lenguaje del desarrollismo: poner el conocimiento al servicio del desarrollo sostenible, fomentando las ventajas competitivas de Panamá. Allí no había, ni podía haber, un sustento en la experiencia, porque en verdad nadie sabía cómo se construía una Ciudad del Saber.

Cuando esa experiencia estuvo disponible, permitió plantear la misión en términos nuevos. Hoy, desde nosotros, nos proponemos llegar a ser una comunidad innovadora que impulse el cambio social a través de la ciencia, la cultura y los negocios desde una perspectiva humanista, para resolver problemas locales con relevancia global. Por otra parte, aquella primera visión no llegó a traducirse en una visión tangible como la que tenemos hoy, de un futuro próspero, equitativo, democrático y sostenible.

En el curso de ese andar, la Ciudad ha creado un lenguaje de su vida cotidiana, organizado en torno a formas de convivencia que estimulan la colaboración para promover la innovación. Ha ido desarrollando, también, espacios que promueven y facilitan la creación cultural y el lenguaje que la expresa. Y ha venido aprendiendo y creando también lenguajes de saberes nuevos, en ámbitos innovadores como la gestión del conocimiento, la sostenibilidad del desarrollo, la formación de emprendedores y – justamente – la promoción de formas nuevas de colaboración entre la ciencia, la empresa y la sociedad, que antes no estaban presentes en la sociedad panameña.

Lo que de verdad importa es que hemos construido ya la gramática fundamental del lenguaje correspondiente a la cultura que inspira nuestra misión. Hoy estamos en capacidad de utilizarlo para transformar en conocimiento la experiencia – las experiencias – que hemos adquirido en el camino que conduce a nuestra visión. En ese andar podremos – podemos – entender desde nosotros el mundo que nos rodea, y cambiar con él, para ayudarlo a cambiar.

Ciudad del Saber, Panamá, 29 de marzo de 2019

Dr. Guillermo Castro,
Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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