El saber de la Ciudad: Ciudad en transición

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La palabra transición nos viene del latín transitio. Ella designa “la acción y efecto de pasar de un estado a otro distinto”, implica un cambio en un modo de ser o estar, y por lo general se entiende como un proceso con una cierta extensión en el tiempo.

[1] Dicho así, parece algo relativamente sencillo. Y sin embargo tiene sus complicaciones.Encontrarse en un proceso de transición implica que se está al mismo tiempo entre la inercia de lo que fue y el esfuerzo por llegar a ser algo nuevo y distinto. Esto puede ser extraordinariamente complejo, o relativamente sencillo.Así, por ejemplo, el historiador francés Fernand Braudel nos dice que la transición entre el feudalismo y el capitalismo ocurrió a través de un siglo XVI “largo”, que transcurrió entre 1450 y 1650. Antes, el capitalismo era un destino y el feudalismo una realidad. Después, el capitalismo fue una realidad y el feudalismo pasó a ser una memoria cada vez más distante.A lo que dice Braudel cabe agregar que quienes pasaron por ese proceso intuían la necesidad de un cambio, pero no supieron a cabalidad en qué consistiría hasta llegar a una realidad transformada. En ese sentido, bien cabe decir que una historia librada a sí misma no va a ningún lugar predeterminado, aunque sin duda venga de alguna parte que puede ser identificada.El caso de la Ciudad es distinto, sin embargo. Ella se encuentra en una transición porque sus colaboradores así lo decidieron, lo previeron y lo organizaron.

La Ciudad sabe de dónde viene, a dónde quiere ir, y para qué quiere llegar allí y no a otra parte cualquiera.

La Ciudad, en efecto, se propone llegar a ser una comunidad innovadora que impulse el cambio social para contribuir a la creación de un futuro próspero, equitativo, democrático y sostenible. El proceso que lleva a ese destino involucra una diversidad de dimensiones -culturales, técnicas, financieras y de política, entre otras-, que se requieren mutuamente y, a la vez, tienen ritmos y formas de desarrollo diferentes.De todos esos elementos, el más complejo es el cultural. En ese plano, la Ciudad requiere generar un cambio de mentalidad y de visión y actitud ante el trabajo, de un tipo (aún) muy poco usual en su entorno. Por contraste, el componente técnico es más sencillo, en cuanto se trata de desarrollar medios adecuados a los fines que se plantea la organización.

Lo fundamental, aquí, es que la eficacia en el uso de los medios depende de la claridad de los fines que persiguen quienes los utilizan. De aquí la importancia de la misión y la visión, que establecen los fines y los vinculan con los medios a través de la colaboración entre todos los que participan del proceso de transición.La plena comprensión de la misión y la visión, sin embargo, dependen en una importante medida del grado en que seamos capaces de comprender la circunstancia histórica que hace necesaria la labor de todos.

Hablando de otra transición – la de la primera a la segunda revolución industrial en los Estados Unidos, dijo Martí de los empresarios de aquel país:No hallan remedio al mal todavía, pero ya todos saben dónde reside el mal, y están buscando con vehemente diligencia el remedio. […] Se siente la necesidad pero no se da aún con el remedio. [2]

Esa no es la situación de la Ciudad, porque ella sabe que el problema reside en la necesidad de encontrar los medios que faciliten abrir paso a las transformaciones en que deben desembocar los grandes cambios que han conocido el país y el mundo en el siglo XXI. La Ciudad, en efecto, es parte de la sociedad que emerge de la integración del Canal a nuestra economía interna, y del país al mercado global, y nuestra misión y visión apuntan a ampliar y consolidar oportunidades que surgen de esa circunstancia sin precedentes en nuestra historia.La transición emprendida por la Ciudad responde al desarrollo de esa circunstancia, y busca contribuir a ese desarrollo. Tales son nuestros fines: los medios que hemos creado no son otra cosa que recursos para incrementar nuestra capacidad para colaborar en la tarea de hacer de esos fines realidades nuevas.

El trabajo, a fin de cuentas, no es otra cosa que el proceso de colaboración de seres humanos diversos en función de objetivos comunes. Los medios contribuyen sin duda a potenciar esa colaboración y hacerla más eficiente. Pero lo fundamental, aquello sin lo cual el proceso sería imposible, son las personas que colaboran entre sí, y que cambian y crecen en la medida en que esa colaboración los lleva hacia los fines que comparten.Ciudad del Saber, Panamá, 22 de marzo de 2019

Dr. Guillermo Castro,
Asesor Ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber

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