Querer lo que uno hace: entrevista a Belén Pasqualini

Cultura y comunidad

¿Debe uno escoger entre la ciencia y el arte?, según Belén Pasqualini, no hay por qué hacerlo.  El Ateneo de Ciudad del Saber abrió sus puertas recientemente para recibir a la actriz y soprano argentina y a su obra “Christiane: un bio-musical científico,” una obra desarrollada y actuada por ella misma. Un verdadero one-woman-show, basado en la vida de su abuela paterna, Christiane Dosne de Pasqualini, la primera mujer admitida en la Academia Nacional de Medicina de Argentina, investigadora científica de medicina experimental en leucemia y discípula del investigador y Premio Nobel de Medicina en 1947, Bernardo A. Houssay.   Conversamos con Belén sobre los lazos entre la cultura y la ciencia, los retos de la mujer en este rubro, su filosofía de vida y sobre el legado de su abuela.

¿Por qué es importante contar la historia de Christiane? ¿Dónde está el legado atemporal de su vida?

Mi abuela es un ser particular. Ella es el símbolo de un montón de personas que aman lo que hacen y que destacaron en su rubro, pero ella siempre mantuvo un perfil relativamente bajo a pesar de recibir reconocimientos por su trabajo. En 1995, por ejemplo, recibió el premio UNIFEM-NOEL por su trayectoria junto a la Madre Teresa de Calcuta.Pero una de las cosas más interesantes es que ella es ese tipo de gente que está empecinada por ese amor específico que tiene a su tarea bien particular y se les puede pasar la vida en eso. [Son] gente para quienes el mundo puede pasar por el costado y ellos están en su mejor situación posible. Mi abuela inauguró esa categoría de personas en mi vida e inconscientemente a partir de conocerla a ella, cuando conozco a alguien y reconozco en esa persona esa misma característica, para mí es muy automática la conexión.No es casual que para mí, por ejemplo, un gran padrino artístico sea Alberto Favero y él tiene esa característica: de poder abstraerse de todo, afuera puede haber un tornado, pero él sigue enfocado en su tarea y presente en el momento. Eso además, contagia y es muy lindo.

¿Qué pueden aprender las mujeres en la ciencia de Christiane?

Mi abuela está más allá del feminismo inclusive. Ella ni se enteró de que era feminista, estaba más allá de ello. Su misión era: “yo quiero hacer esto y que nada ni nadie se interponga en mi camino.”  Ella probablemente es menos consciente del ejemplo que es. Ella ya no sale de su casa, pero yo trato de llevar el mundo a su casa.  Hasta el día de hoy, sigo llevando a su casa personas para que la entrevisten o hablen con ella y es increíble cómo toda la gente que sale de ahí, sale inspirada.Con ese amor y dedicación por lo que hizo, el cual sigue contando con alegría, ella es un ser que transmite y contagia ganas de hacer. En ese sentido, ella es inspiradora a pesar de ella misma.

¿Cómo crees que el musical que has producido aporta a la discusión de las mujeres en la ciencia? 

Yo creo que es una forma de extender y diversificar un poco más los brazos de esa “lucha,” de esa militancia porque las mujeres sean más reconocidas en la ciencia. El teatro es un ámbito al que mucha gente concurre, la música es otro y me parece que el diversificar los lenguajes a través de los cuales se transmite eso es una forma de continuar aportando que eso se oiga cada vez más fuerte.En Latinoamérica tenemos más herramientas para aportar a este debate de las que realmente utilizamos. Me parece que las grandes ciudades de nuestro continente tienen esa lucha interna de querer ser ciudades globalizadas y mirar para afuera en vez de decir, pero ¿y qué tenemos nosotros para decir? Yo lo vivo mucho en el teatro, aunque está cambiando, y me da alegría que cada vez están surgiendo más obras que tienen que ver con decir lo propio y no emular recursos extranjeros que no resuenan tal vez en la gente que los va a ver.Me parece que cada vez más tenemos que hacer ese esfuerzo, aún más porque creo que hoy en día Latinoamérica es donde está la vanguardia.

¿Crees que los retos a los que se enfrentó su abuela siguen siendo obstáculos para mujeres en su situación?

Hay cierta resistencia todavía, aunque menor porque hay más conciencia y se pueden hablar más las cosas. Pero ahora el conflicto a lo mejor es más sutil, porque la negación es implícita, tácita y diplomática.En mi opinión, la lucha es tal vez más compleja porque ahora no es tan evidente. Ya podamos la maleza, pero ahora queda el trabajo fino.

¿La cultura tiene un rol real en acercar la ciencia a las personas que no son científicas?

Yo creo que la cultura tiene un rol fundamental en acercar las personas a la vida. Hay gente a quienes la vida les pasa por el costado. Yo lo veo más allá de acercar la ciencia a la gente; es acercar a todo, como hacernos resonar. Por eso es muy insólito que en ciertos países la cultura pasa a segundo plano. Entendemos que hay prioridades, como comer y estar sanos, pero la cultura es una forma de educación muy grande que esta un poco subestimada.Yo creo que absorbemos más cultura que oxígeno, pero no nos damos cuenta. Entonces, sí la cultura es importante para difundir la ciencia, pero es importantísima para ayudarnos a conectar, como forma de reflexión.Tampoco es que he inventado la pólvora.  Existen muchas obras sobre grandes personajes de la ciencia -sobre Albert Einstein, Marie Curie y la lista sigue.  De hecho, mientras más me adentraba en el mundo del teatro científico por esta obra, me enteré de que en el mundo existen un montón de festivales de teatro científico, con lo cual el género es menos original de lo yo creía. Ya está todo inventado, a lo sumo uno puede inventar nuevas cosas, pero hasta ahí.

¿Cómo ayuda esta obra a conectar al espectador y la ciencia?

Por sobre todo, la obra habla de lo humano, sobre el amor por la vida, sobre quererla, querer lo que uno decide hacer con su vida y sobre confiar que cuanto más feliz y satisfecho uno esté con las decisiones que ha tomado, más linda va a ser la “despedida” hacia el final. Mi obra no deja de ser la historia de un personaje que se prepara para ese último viaje, estoy narrando un trayecto y el personaje está hacia el final.Creo que es lindo cuando el espectador puede resonar y sentir que sintoniza con eso, con una persona que no se quiere morir porque le gustó mucho su vida, y a la vez si llega la muerte está en paz, porque vivió como quiso. Eso me parece que es universal y excede la ciencia, la música y su propia historia.

Para finalizar, ¿en qué se parecen Belén y Christiane y qué crees que es lo más valioso de haberla interpretado?

Ambas tenemos los cachetes medio caídos acá [ríe]. Y sin querer, somos un poco egoístas, por querer ocuparnos de lo nuestro.En cuanto a diferencias, a mi abuela fíjate que la veo más de vanguardia que yo; tendría que modernizarme un poco más para alcanzarla.Mi abuela ama un poema de Robert Frost, “The Road Not Taken” y creo que para mí su gran enseñanza viene por ahí.  El poema habla de dos caminos en un bosque, la persona elige el menos transitado y eso termina haciendo toda la diferencia.Esto lo digo no necesariamente por tener que elegir siempre el camino menos transitado -aunque es algo que intento que me identifique- pero ella me deja la enseñanza de hacerme cargo de que lo que uno vive, es lo que uno elige. La obra está llena de esos momentos cuando el camino de su vida se partía en dos y ella tomaba ciertas decisiones.Y es que cuanto más conscientes seamos de que lo que sucede tiene que ver con que tomamos ciertas decisiones, creo uno puede acercarse a vivir la vida con mayor plenitud.

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